Walter Spurrier

USD 37 000 millones

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Quienes leyeron la noticia estarán bajo la impresión de que el Ecuador se apresta a recibir un monto insólitamente elevado de inversión extrajera: el Ministerio de Sectores Estratégicos presentó a una audiencia de 600 prospectivos inversionistas y financistas 94 macroproyectos por ese valor. ¡Gran apertura al capital extranjero!

Pero quienes leyeron esa novedad en la edición del miércoles 28, se habrán confundido al escuchar al Presidente, en el conversatorio de la noche del mismo día, manifestar su ambivalencia hacia la inversión extranjera. Dijo que los inversionistas se llevan su inversión más el rendimiento, o sea más de lo que traen, y que la apertura al capital extranjero causó el colapso de la convertibilidad en Argentina.

Regresemos a los proyectos. ¿Serán atractivos para los inversionistas?

Petroleros: La última ronda petrolera fracasó, y eso que el precio del crudo era alto. Las condiciones contractuales no son atractivas. Cuando suben los precios, todo el beneficio adicional va al Estado. Cuando baja, el Estado se atrasa en los pagos.

Mineros: Hasta ahora no arranca ninguno de los proyectos descubiertos mientras estuvo vigente la ley de Gustavo Noboa y su ministro Terán. Los precios de los minerales están a la baja. Los mineros solo pueden negociar la parte económica después de invertir y encontrar reservas. Lundin, que compró barato los derechos de Kinross, tiene pendiente la negociación para determinar la rentabilidad.

Proyectos estratégicos: La Ley de Asociaciones Público-Privadas salió de la Asamblea con la prohibición que a ella puedan acogerse inversionistas en los sectores estratégicos. Aún se busca socio estratégico para la Refinería del Pacífico.

Hidroeléctricos: La Asamblea exceptuó de esta prohibición a la inversión hidroeléctrica. Pero el Gobierno ha invertido USD 6 mil millones en 8 centrales hidroeléctricas, y las perspectivas son que la recesión a la que entramos el segundo trimestre se prolongue indefinidamente. El Fondo Monetario estima que la recuperación será tan paulatina que en 2020 el crecimiento de la economía recién igualará al de la población. Bajo esas condiciones, de exceso de oferta hidroeléctrica, y que el Estado es a la vez regulador, comprador y competencia, se torna poco atractiva la inversión de riesgo.

Lo que sí puede haber es quien quiera construir con financiamiento, puesto que los Estados ofrecen financiamiento a los países para que compren sus bienes y servicios. Pero ya hemos tenido enorme inversión pública que ha generado una deuda externa igualmente grande. No vemos aún que la mejor infraestructura se traduzca en una mejoría en la balanza comercial e incremento de ingresos fiscales, que compense el peso de la deuda.

Más endeudamiento externo en obras es insensato.

wspurrier@elcomercio.org