Vicente Albornoz Guarderas

Todas las monedas, todas

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En los últimos ocho años, el Ecuador recibió tantas divisas como en los anteriores 26. En los próximos párrafos se va a explicar cómo se llegó a esos números, pero más allá de las discusiones sobre metodologías de cálculo, resulta evidente que el país vivió, entre 2007 y 2014, una época de extraordinaria bonanza.

Y si hoy en el país se siente que hay poca liquidez, es porque en esa época de inusual riqueza no se ahorró y, al contrario, se incentivó el consumo con muchos de los medios a disposición de la política económica.

No solo que el Gobierno se gastó todo lo que pudo y se endeudó en todo lo que alcanzó, sino también que creó el ambiente para que las familias consumieran y no ahorraran. La mensualización de los fondos de reserva y de los ‘décimos’, la posibilidad de usar las compras de ropa o alimentos para reducir el pago del impuesto a la renta y la fijación de las tasas de interés de préstamos de consumo en niveles artificialmente bajos, son solo algunas de las medidas que favorecen el consumo frente al ahorro.

Y el mismo Gobierno, al cambiar las reglas de juego y ‘ahorrarse’ el pago del 40% de las pensiones del IESS también favorece el ‘presente’ frente al ‘futuro’.

Y la importancia que el Gobierno le da al consumo se ve con más claridad cuando el Banco del IESS anuncia que dará préstamos quirografarios para financiar viajes en tren.

Así que, a pesar de que las divisas que llegaron al país fueron muy significativas, hoy escasean porque nunca se ahorró. Pero, ¿cuántas divisas llegaron?

En el año pasado, las divisas que ‘vinieron sin tener que salir’ fueron USD 29 330 millones, que es la suma de exportaciones y de transferencias (sobre todo de migrantes), según lo reportan las estadísticas de balanza de pagos de Banco Central. Obviamente, hubo otros ingresos de divisas, sobre todo préstamos, pero esos son dólares que ‘vienen para irse’, de manera que no suena muy justo catalogarlas de la misma manera que al resto.

Ajustando por inflación, en los últimos ocho años, al país entraron, por los dos conceptos arriba descritos, USD 202 060 millones constantes (del año 2014). Para sumar una cantidad similar, hay que acumular las divisas que entraron por exportaciones y transferencias entre 1981 y 2006, o sea, en los 26 años anteriores.

Evidentemente, se podría discutir y refinar el cálculo del ingreso de dólares al país, pero lo que debería resultar evidente es que vivimos una época extraordinaria, casi única, que ojalá se llegue a repetir en el transcurso de nuestras vidas.

Si algo bueno podría salir de todos estos errores es la necesidad de crear un consenso en el país de que el buen manejo económico es algo que no está conectado a ideologías económicas y que esas viejas virtudes como el ahorro, la inversión o la producción deberían ser la base de la futura política económica.