Óscar Vela Descalzo

Encuestas y voto útil

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Ocho candidatos se han lanzado a la carrera por la presidencia de la República. Las encuestas, en su gran mayoría manipuladas a favor de unos y otros, muestran tendencias e intenciones tan diversas como imposibles. Es evidente que casi todas mienten, o, al menos, si no mienten deliberadamente, sus resultados se ven tan distorsionados que la única explicación lógica que queda es que hayan sido realizadas bajo parámetros de trabajo y alcances absolutamente distintos.

Con diferencias tan notorias, en este nuevo proceso, como ya sucedió en elecciones anteriores, no nos queda sino asumir que casi todos los sondeos publicados o difundidos a través de medios de comunicación y redes sociales son tan solo material publicitario de los candidatos; y, en algún caso muy excepcional, se trata de trabajos profesionales que difunden sus resultados con fines exclusivamente informativos. Sin embargo, aunque sean encuestas amañadas o investigaciones reales, buena parte de los sufragantes se las tomarán en serio (a todas o a alguna de ellas) a la hora de definir su voto.

El denominado voto útil, es decir, aquel voto que se decide a último momento en función de lo que muestran las encuestas, está directamente relacionado con los porcentajes de indecisos (que hasta estos días se dice que son superiores al 40%). Pero en un país como el Ecuador, con un alto grado de inmadurez política y un mediocre nivel educativo y cultural, este voto utilitario también se verá influenciado en parte por la seguridad (o inseguridad) que tengan los electores que ya han definido su voto en mantener el mismo aún a pesar de lo que digan los sondeos.

Es un hecho evidente que un inmenso número de electores de este país decide su voto por gustos o disgustos personales, o por miedo o animadversión hacia otros candidatos. Y, en consecuencia, muy pocos son los que sufragan con base en ideologías o convicciones ciertas sobre planes de gobierno o programas políticos, independientemente de quien sea el aspirante al cargo de elección popular.

Se habla tanto del voto útil en estos tiempos que todos los candidatos, de un modo u otro, buscan ser favorecidos con él mostrando sus propios sondeos como parte esencial de la campaña electoral. Algunos usan estos resultados para demostrar su favoritismo, apelando al triunfalismo que impera normalmente entre los sufragantes que suelen descartar a los presuntos perdedores de su tendencia para sumarse al probable ganador. Otros, en cambio, intentan colocarse como sea entre los punteros para llevarse los votos de los que quedarían por debajo y así forzar una segunda vuelta.

Este tipo de elector que vota a último momento en contra de un candidato y no necesariamente a favor del que había escogido, es el que podría inclinar el resultado pocas horas antes de la elección.

Por esta razón, es factible que la expectativa se mantenga hasta el final y las previsiones mayoritarias de las encuestas fallen de forma estrepitosa.