Vicente Albornoz Guarderas

Controles de precios

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En este, el único país dolarizado, petrolero y populista del mundo, luego de la introducción de las salvaguardias no se puede esperar otra cosa que la creación de controles de precios. En la lógica de los funcionarios del área económica, ese tiene que ser el próximo paso.

En nuestra región, los gobiernos populistas se han caracterizado por políticas altamente expansivas (disparar el gasto público, por ejemplo), pero siempre han ignorado que en la economía nada es gratis y que si se sobrecalienta la economía, algún día habrá que pagarlo. Como bien lo dijeron los maestros Dornbush y Edwards en 1992 en su libro “Macroeconomía del Populismo en la América Latina”, el populismo económico “menosprecia los riesgos [...] del financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado”.

En otras palabras, se olvidan que, si se gasta demasiado, tarde o temprano, se va a importar demasiado. Y también se olvidan que ni a los consumidores ni a las empresas les gusta que les regulen todo. Y eso se escribió, básicamente, luego de los desastres de Alan García en Perú, Siles Zuazo en Bolivia y Allende en Chile.

La lógica populista es intervenir en la economía. Y luego, cuando los resultados no son satisfactorios, intervenir más. Entonces, lo primero que hicieron fue disparar el gasto público (y no ahorrar). Eso sobrecalentó la economía y una gran parte de esa inyección de recursos se fue a más importaciones. Cuando el petróleo estaba alto eso no era un problema porque entraban muchos dólares que cubrían la salida de divisas para importar.
Ahora que el petróleo cayó, el Gobierno no quiere bajar su gasto público y, por lo tanto, la demanda por importaciones se va a mantener alta.

El problema es que ya no están entrando tantos dólares como antes porque (por si no lo notaron) el precio del petróleo cayó. Entonces, tienen miedo de que empiecen a salir muchos más dólares de los que están entrando. La solución: intervenir en la economía y poner salvaguardias a las importaciones.

Con la introducción de esas salvaguardias va a haber un aumento de los precios. Y eso es por culpa de una de esas pocas leyes que no se pueden derogar en la Corte Constitucional: la ley de la oferta y la demanda. Por un lado, los precios van a subir porque lo importado será más caro y lo nacional también va a subir porque más gente querrá comprarlo.

Y como aquí y en la China los aumentos de precios son impopulares, la reacción casi instintiva de las autoridades será imponer controles (siempre es importante cuidar la popularidad). Claro que los controles típicamente derivan hacia la escasez, pero para eso falta todavía.

Claro que mucho más fácil hubiera sido ahorrar, pero en ese caso no seríamos el único país del mundo dolarizado, petrolero y populista.