Thalía Flores y Flores

Verdades ocultas

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El sacrifico de los infantes de Marina y los periodistas que ofrendaron sus vidas en el cumplimiento de su deber ha provocado un sacudón emocional a los dos lados de la frontera, y verdades inadmitidas salen hoy a la luz.

El fiscal general de Colombia ha revelado que alias “Guacho”, responsable del asesinato de los periodistas, es el brazo armado del cartel de Sinaloa. Y que esa realidad amenaza convertir a Colombia en un problema geopolítico en la región. Ha reconocido, también, que los cultivos de coca bordean las 200 000 hectáreas.

¿Por qué no lo dijeron antes? ¿Compartieron esta información con el Ecuador en las reuniones binacionales? Quizá le faltó contar que, en 2017, la administración Trump planeaba descertificar a Colombia por no controlar esos cultivos, los mayores de la historia, pero no lo hizo por considerar a las Fuerzas Armadas y a la Policía de ese país “socios estrechos en el Hemisferio”.

En Ecuador, ex altos mandos militares aseguran que la Secretaría Nacional de Inteligencia entregó, en 2014, un informe sobre grupos criminales en la frontera norte. Y que reconocidos académicos tenían estudios que daban cuenta de la “cartelización” del país, pero las autoridades guardaron silencio.

El presidente Moreno reveló que un miembro de su escolta está involucrado en narcotráfico y ha sido encarcelado. Se trata de un sargento segundo de la Marina, miembro de una banda que asalta y trafica. No hace falta imaginar los riesgos a los que estaba expuesto el primer mandatario y el país con semejante custodio. Ese mismo día, Moreno anunció haber pedido a las autoridades verificar la autenticidad de un video en el que se alude a un supuesto financiamiento de las FARC a la campaña del ex presidente Correa.

En estado de estupefacción por estas revelaciones, uno se pregunta qué instancias del poder habrá penetrado el narcotráfico y si estaremos a tiempo de desmontar su siniestra estructura.

La imagen de la Justicia y las voces que la acusan emergen en la conciencia colectiva y se descarta que tenga independencia para procesar y castigar a los involucrados, por lo que los cambios en el Consejo de Transición deben acelerarse.

El narcoterrorismo es la suma de todas las maldades. Combatirlo es un arte que hay que encomendar a los mejores estrategas. Ecuador debe superar los complejos y pedir asistencia a los países con experiencia. La soberanía no se pierde cuando se invita a otro Estado para proteger a sus ciudadanos. Se pierde cuándo se desechan proyectos de desarrollo fronterizo, que dejan a los compatriotas que allí habitan en estado de vulnerabilidad por su pobreza y marginalidad, en tanto el narcotráfico se enseñorea.

Mientras la agonía por la pareja secuestrada persiste, al igual que el martirio de las familias de Javier, Paúl y Efraín por no tener sus cuerpos, verdades ocultas están siendo reveladas. Son un tributo a su memoria.