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‘Diccionario de la lengua española. Real Academia Española’, estaba y está escrito en las portadas de los sucesivos diccionarios editados por esa ‘docta corporación’, hoy más que nunca, en estrecha colaboración con la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). Tengo conmigo la bella edición del último de los diccionarios, llamada “Edición del tricentenario”, pues con la publicación y presentación de esta obra, el jueves 17 de octubre en curso, culminaron en Madrid, ante sus majestades los reyes de España, las celebraciones del tercer centenario de fundación de la Real Academia Española, en 1713.

Hasta ahora, con el acrónimo DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) nos referíamos al querido y viejo –siempre renovado libro- que se nos ha entregado en su vigésima tercera edición; pero ya no se usará con propiedad esa sigla para designarlo, pues el viejo DRAE, muy de la RAE, será DILE. Si en los trece años transcurridos desde que se entregó al mundo la 22ª. edición del diccionario, su revisión y actualización se hicieron de modo panhispánico, como el Diccionario panhispánico de dudas, la Ortografía y la Nueva gramática de la lengua española, las iniciales de su título: las dos primeras letras de Diccionario, DI, y las primeras de Lengua y Española, juntas, nos entregan su nuevo acrónimo inspirador e incitante: DILE.

Al principio será difícil cambiar DRAE por DILE, pero no tardaremos en asumir cuán estimulante es la palabra surgida de la citada fusión. Y asumiremos que nuestro DILE –término que, fuera de este contexto, es forma imperativa de ‘dar’ más el pronombre enclítico ‘le’- nos pide decir al mundo que el DILE existe desde un antiguo pasado hasta el palpitante presente; que comprende antiguas y queridas palabras, y palabras actuales, desde las del español general hasta las que se emplean con brío en, al menos, tres países de América; que el DILE vive en proceso de cambio, y preserva su noble antigüedad sin negarse a una franca e inteligente apertura; que incluye un tesoro inexhausto de saber pues incluye en sus páginas  93111 ‘entradas’ o artículos distintos, con 195439 acepciones o significados.

Que ha admitido, entre muchas otras (nótese su ortografía) tuit, tuitear y hacker; y feminicidio y multiculturalidad, que ¡quién lo creyera!, no estaba incluida en anteriores ediciones; pero que no incluye todavía, aunque están en espera, la fácil retroalimentación, para que olvidemos el ‘feed-back’; ni la tan práctica y usada link, aunque existen vínculo, lazo y eslabón; ni está e-mail que no tiene rival por su brevedad.

Mejor que no se incluyan nunca clicar ni cliquear, onomatopeyas que parecen designar el canto de un gallo enfermo, pero clic, por supuesto, está, ¡y está ratón desde hace rato como ‘pequeño artefacto manual conectado a una computadora cuya función es mover el cursor en la pantalla para dar órdenes’, que estaba ya en la 22ª edición del año 2001, porque ¡qué pronto pasa el tiempo!, ¡qué pronto nacen, crecen y aun pasan las palabras, los significados, los sueños, aunque siga siendo tanto lo que nos queda todavía!