Sebastián Mantilla

Recesión en Venezuela

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La situación en Venezuela no puede ser peor. A más de registrar una de las tasas de inflación más altas de América Latina (63,6%), problemas crónicos de desabastecimiento y un tipo de cambio que no refleja la realidad del país, se ha sumado un elemento adicional: su economía entró en recesión.

De acuerdo con lo que dice la teoría, cuando una economía registra una caída del PIB por tres períodos consecutivos, se colige que ese país ha entrado en recesión. En el caso de Venezuela, la contracción del PIB durante el primer trimestre del 2014 fue del -4,8%, en el segundo del -4,9% y en el tercer trimestre del -2,3%.

Lo que resulta aún más delicado es que esta recesión se produce en un contexto de fuerte descenso de los precios internacionales del petróleo. Hay que tomar en cuenta que en el caso de Venezuela el principal producto de exportación es el petróleo, así como la fuente de generación de divisas. En este escenario de bajos precios del petróleo, se prevé un déficit fiscal del 20% del PIB para el 2015.

El direccionamiento que el chavismo le ha dado a la economía venezolana desde hace mucho tiempo atrás hace que actualmente más del 90% de lo que se consume sea importado. El aparato productivo está debilitado, sobre todo por la falta de garantías y de políticas que tiendan a su fortalecimiento.

Sin embargo, para el gobierno del presidente Nicolás Maduro la explicación es otra. Los problemas de la inflación y desabastecimiento tienen que ver con las protestas opositoras, producidas entre febrero y mayo en 2014, las cuales “impidieron la cabal distribución de los bienes básicos y la normal producción de bienes y servicios”.

A esto se suma la agudización de los problemas relacionados con la inseguridad y delincuencia común. Pese a los planes implementados por el Gobierno, la criminalidad es prácticamente incontrolable, especialmente en Caracas. La tasa de homicidio está entre 60 y 80 casos por 100 000 habitantes. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Venezuela es el segundo país con más asesinatos a escala mundial.

Como era de esperarse, el mal manejo de la economía y de la inseguridad ha repercutido en el ámbito político. El nivel de apoyo al presidente Nicolás Maduro ha disminuido considerablemente en las últimas semanas. Se habla de una pérdida de las tres cuartas partes del apoyo popular. Esto posiblemente lleve a una activación de las protestas populares, en las cuales ya no solo participen estudiantes universitarios sino otros sectores de la sociedad.

Lo curioso y contradictorio de todo esto es que buena parte de esta crisis económica que vive Venezuela se produjo en un período de altos precios del petróleo. Esto fue aprovechado positivamente por otros países de la región en términos de desarrollo económico, construcción de infraestructura, políticas sociales, etc. Sin embargo, uno se pregunta: ¿De qué le sirvió esto a Venezuela?