Sebastián Mantilla

Correa y el fin de un ciclo

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 4
Triste 1
Indiferente 4
Sorprendido 0
Contento 46

Hoy día termina el mandato del presidente Rafael Correa. Son algo más de 10 años en el poder que, aunque uno no pueda coincidir en muchos aspectos, han dejado su marca.
Difiero de aquellos que sostienen que ha sido un periodo de grandes transformaciones. Tratando de no perder la objetividad, podría afirmar que ha habido avances en ciertas áreas pero también lamentables retrocesos en otras. Incluso mucho de lo que generalmente se comenta dentro y fuera del Ecuador se debe en parte no tanto a la gestión de gobierno sino al efecto de una hábil estrategia de comunicación que ha rayado en la manipulación de la realidad.

Luego de varios años de inestabilidad política, Rafael Correa inauguró una nueva etapa en la historia política del Ecuador. Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez no lograron terminar sus mandatos. De 1997 al 2005 hubo en el Ecuador 10 presidentes de la República.

Correa gana las elecciones en el 2006 enarbolando un discurso de izquierda y proponiendo un cambio radical en el manejo de lo público: dejar atrás el modelo neoliberal por uno de mayor participación, transformación social, manejo honesto de lo público y amplia garantía de derechos.

Con el fin de “refundar el país”, neutralizar los problemas de inestabilidad y superar la crisis generada en gran medida por los partidos políticos tradicionales, se vio como alternativa hacer una nueva Constitución. Sin embargo, cumplidos 10 años de gobierno, mucho de eso jamás se cumplió.

Al contrario, se consolidó un régimen hiperpresidencial donde la participación ciudadana ha sido una burla, la transformación social, parcial (los niveles de inequidad y de pobreza en el campo son alarmantes), se ha agudizado la corrupción y no ha habido un plena garantía de derechos. Sobre esto último basta con mencionar los juicios que se entablaron a más de 280 líderes indígenas, periodistas, medios de comunicación, ambientalistas, entre otros.

Aunque con Correa empieza una etapa de estabilidad política y mayor gobernabilidad, esto no significó necesariamente un mejoramiento de la calidad de la democracia. Comparado el Ecuador con otros países de la región, las dimensiones en las que tenemos rendimientos más bajos son libertades, Estado de Derecho e independencia del poder judicial.

Esto se podría interpretar como una tendencia a la pérdida de las características sustantivas de la democracia y un consecuente desplazamiento del régimen político hacia uno de tipo autoritario. Es lo que se han tendido a llamar como una forma disminuida de democracia.

Rafael Correa tuvo una oportunidad histórica de cambiar positivamente al Ecuador. Sin embargo, no lo logró. Más allá de la estabilidad política, de las obras (carreteras, salud y escuelas) y del inapropiado manejo económico, deja al Ecuador en crisis y profundamente dividido. Una tarea sumamente ardua que deberá enfrentar el flamante presidente Lenín Moreno.