Roque Morán Latorre

El concurso de la podredumbre

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Diccionario de la Real Academia Española: “podredumbre” = 1. Putrefacción o corrupción material de las cosas, 2. Cosa podrida, 3.

Corrupción moral. El término resulta oportuno y describe con claridad el desborde -casi diario- de escándalos y grotescos escenarios. Como aderezo amargo está el circo electorero: una vergüenza, una agresión constante a la dignidad humana, donde los unos vociferan lo peor de los otros y poco, o nada, exhiben de lo “buenos” que pregonan ser.

En esta trama desvergonzada, no atinamos a calificar qué resulta más podrido: si los hechos en sí mismos, o la asfixiante “inquisición”, los comentarios, las versiones y, lo peor, los juicios implacables de aquellos que con liviandad, afirman cosas de las que poco -o nada- conocen, soslayando que sean verídicas, ilusorias o incompletas; la aparición y actuación de ciertos “analistas”, “expertos” y falsos gurúes es sesgada y, contrario a lo que se esperaría de ellos, excesivamente subjetiva; en reiteradas ocasiones, basada en chismes, rumores, dimes y diretes… Desolador escenario para una audiencia que gime por objetividad, rectitud y legítima orientación.

Asistimos a un sui géneris concurso: el del más corrupto. En el que para los vanidosos, que se relamen con el aplauso del público, queremos entregarles premios y trofeos y, para que ninguno se quede sin su merecido galardón, proponemos tres categorías: el primer premio merecería, con sobrada razón, ese que nunca se dejó “trincar”; el segundo se lo podría otorgar al que se “llevó” más; el tercer laurel sería para el que se esfumó a tiempo.

Muchos son sus protagonistas y famosos, los nominados en este desvergonzado certamen.

Casos denunciados y que la justicia debe investigar como los de Petroecuador, Odebrecht y otros, constituyen la guinda que corona la pútrida torta de la corrupción, recubierta de inculpaciones, donde -por cierto- nos tienen boquiabiertos los ágiles quites practicados por quienes ahora aparecen como inmaculados, libres de toda culpa (y son los más alharaquientos).

Lo sorprendente de esta podredumbre es que pretendan hacernos creer que esta apareció hace pocos años; cuando el pus -que seguramente ya existía hace tiempo inmemorial- estalló, con vehemencia, cuando este país se convirtió en “petrolero”, ¡hace más de 40 años!

Cuántos contratos chuecos, chanchullos, cuántas concesiones y prerrogativas otorgadas, cuánto dinero y en qué cantidades se han feriado.
Increíble iniciativa: que todos –se insiste- ¡todos! los que de cualquier forma, como autoridades y conexos, tuvieron trato con ese recurso, los vinculados en estas 4 décadas al negocio del oro negro, al fin, ya es hora, justifiquen la posesión y adquisición de sus bienes, propiedades, inversiones. Si no lo hacen, lo más seguro, es que serán “honrados” entre los 3 primeros sitiales del concurso de la podredumbre.