Roberto Salas

Agenda de competitividad

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Los Consejos Consultivos implantados por el nuevo gobierno ecuatoriano deben decantar en corto tiempo en agendas ejecutivas de cada área abordada, con institucionalidad y liderazgos efectivos, para dar credibilidad al proceso sobre todo en el momento político actual.

En el caso económico, una Agenda para la Competitividad es esperada, liderada por una Comisión presidencial permanente que articule acciones de los sectores protagónicos para que el tema avance y funcione a largo plazo. Este puede ser también el caso de otras dos o tres áreas que requieren transformaciones urgentes, como la Atracción de Inversiones, y la Cohesión Social, donde se esperan resultados determinantes para el desarrollo sustentable del país.

En el caso chileno, la Agenda para la Productividad ha sido importante para reimpulsar el crecimiento, tan venido a menos en ese país, adaptándolo a un modelo más sustentable en lo ambiental e inclusivo en lo social, razón por la cual tomo esta como base para aportar algunas ideas al caso ecuatoriano.

Los planes para mejorar la Competitividad requieren la convergencia de los sectores público y privado, sindicatos, universidades y organizaciones sociales de alta influencia.

Además, es necesario abordar el desafío con voluntad de cambios de corto y largo plazo que perduren en el tiempo como una política de Estado, que pueda sobrevivir a los siguientes gobiernos.

Las principales decisiones deben incluir diversos ingredientes bien conocidos, como estabilidad macroeconómica, estabilidad legal, respeto a los contratos y a la propiedad intelectual, flexibilidad laboral, infraestructura adecuada, simplificación de trámites y burocracia, mayor investigación en ciencia y tecnología, adaptar los sistemas educativos, mejorar la digitalización de la población, entre otros.

El punto de partida necesario es la Estabilidad Macroeconómica. Es imposible determinar algún impacto relevante en la competitividad y productividad del país sin este elemento. Pilar fundamental, fácil de entender, pero muy difícil de hacer, por una sola razón: voluntad política.

Hay puntos clave que apuntalan esta área:
Independencia del Banco Central, poco relevante en nuestro país por no tener moneda. Metas de inflación baja. Fijar mínimos de superávit fiscal estructural. Respetar límites al endeudamiento y establecer un Fondo de Estabilidad o de reserva para épocas difíciles.

Definidos estos temas, las señales son potentes, como la conformación del equipo económico que ejecutará la estrategia, y la consistencia de las decisiones.

Además, hoy en día la competitividad debe estar conectada con la adopción de estándares de sustentabilidad ambiental e inclusión social en la producción, generando así mayor impacto con clientes e inversionistas.

Esta agenda además de útil, es vital.