Pablo Cuvi

Mirando pornografía

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Hace algunos años solían llegarme unos mails enviados desde África y escritos en un inglés patojo, en los que un funcionario ficticio me informaba que había ganado un premio de 800 000 libras y debía cancelarle 1 200 para poder cobrarlas. No dudo que algunos incautos habrán mordido ese tosco anzuelo del dinero caído del cielo. Hoy, el asunto se ha vuelto más sofisticado y perverso: un amigo me cuenta que recibió un mail que buscaba despertar no la codicia sino el miedo de haber sido trincado. El supuesto hacker decía algo como ‘shit happens’, qué pena para ti porque he desarrollado un software del que estoy orgulloso porque me ha permitido entrar a miles de computadoras como la tuya y registrarte cuando estás mirando pornografía.

Aunque también sonaba a cuento, mi amigo se asustó, no por la pornografía pues ya está viejo para esos trotes, sino porque la compu es parte importante de su vida y su intimidad. “Te sientes tan vulnerable como cuando un ladrón se mete a robar en tu casa”, dijo y yo pensé en el terror que sentirían miles de receptores de ese mail que son miembros de otras culturas donde mirar pornografía es una grave transgresión que, de volverse pública, les destruiría. Para no delatarlos, el chantajista les ordenaba depositar 300 dólares en bitcoins en una cuenta no rastreable.

Queriendo tranquilizar a mi amigo le confesé que yo también miraba pornografía. Enarcó las cejas. Pornografía política, aclaré, donde los pícaros se desnudan entre ellos, como en esa serie que empezó con Capaya y el primo de Correa, quienes compartían con sus examigos el descaro y el afán de enriquecerse impunemente. Luego asomaron los videos grabados a escondidas por el delator brasilero, donde el tío de Glas le pedía un millón más para la campaña de Vidrio como quien pide a un pana cinco dólares para el taxi.

La serie continuaba con el mismo Rivera bajándose el pantalón y sobándose contra una chica que había ido a solicitar empleo. Y llegaba al clímax del cinismo cuando Patiño declaraba que Glas es incapaz de pellizcar un centavo, mientras Correa sentenciaba que ellos son la reserva moral del Ecuador. Y, por qué no decirlo, de la humanidad pues Glas es Dreyfus y Rafael es un Leónidas, jefe de los 300 espartanos traicionados por Efialtes Moreno. ¿O es Alfaro traicionado por Plaza?

No son los únicos. En otra foto vimos a unos asambleístas curuchupas que añadían, entre gallos y medianoche, dos artículos para seguir criminalizando a las pobres adolescentes embarazadas a causa de una violación y que buscan abortar para salvar sus vidas. Como el macho alfa ya no les carajea desde Carondelet, las mujeres AP lograron corregir ese entuerto, pero no habían tenido empacho días antes en proteger del juicio al ex ministro de Educación en relación con abusos sexuales en las escuelas.

¡Horror verde-flex!