Oswaldo Jarrín R.

Conversión autoritaria

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La ofuscación y desprestigio que vive el país por los resultados de la corrupción gracias a la información obtenida por las investigaciones y delaciones internacionales, mantiene a los órganos de control, afanosos por justificar su titubeo funcional, mientras se dejan de lado a los factores de la inestabilidad que por no ser corregidos enérgicamente volverán a sumir a la nación ecuatoriana en el descalabro de la “década ganada”.

Senplades, aportó con el supuesto de que en el país había una pérdida de autoridad y desmantelamiento de empresas públicas. Con base en este supuesto se desarrolló un sistema autoritario, prevalido de una ausencia de separación de funciones del Estado que lejos de equilibrar al poder nacional lo centralizó bajo el lema de “somos más”.

Se acomodaron las leyes según designios presidenciales para dizque fortalecer a las FF.AA., mediante la eliminación de la ley de Seguridad Social del ISSFA. Se crea un Servicio de Protección Pública civil armado, para que los militares y policías se dediquen a sus tareas específicas, aunque la Constitución diga lo contrario.

Mediante una enmienda constitucional se establece la complementariedad de las FF.AA. con la Policía, fusionándose en la práctica las misiones de defensa nacional con el orden público, seguridad pública y control del delito, (El COMERCIO, enmiendas sobre las FF.AA. 26 de Junio 2014). En la misma enmienda, se dispone que las entidades de seguridad social de las FF.AA., formen parte de la red pública integral de salud; es decir del IESS, con lo cual el Hospital Militar se integra a la red hospitalaria nacional.

Se transforman en empresas públicas; Tame, Flopec, Astinave, para contrarrestar el desmantelamiento de las empresas públicas.

Sobre esas decisiones que se toman a la sombra de las leyes, dice Montesquieu que es como se ejerce la peor tiranía.

Pero el problema fundamental radica en los vicios de la democracia que se está consolidando. Por ejemplo el presidente de la Asamblea, que se supone es parte del balance del poder en la nación, afirma sin el menor escrúpulo, que viajo a Panamá para tomar acuerdos para salvar al vicepresidente y que esos son los costos necesarios, para defender el proyecto de la revolución. Su proyecto partidista por lo tanto, esta sobre el proyecto nacional designado por el presidente de la República, como en cualquier país democrático.

Este vicio democrático resta legitimidad a la Asamblea Nacional, función esencial del Estado, se suma a la falta de mecanismos de control, miope ante el clientelismo, y contribuye a la desinstitucionalización, reducción máxima del capital social como en la década pasada; por lo que no puede repetirse en un país que ama su porvenir y rechaza el autoritarismo.