Óscar Vela Descalzo

‘Rendición’

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Ray Loriga, (Madrid, 1967) es uno de esos autores que a pesar de haber pertenecido al realismo sucio español y haber sido comparado con autores de la “generación beat” estadounidense, acaba de recibir el XX Premio Alfaguara de Novela por una obra de corte clásico que se acerca más al estilo de Orwell o Coetzee que a la prosa rebelde y descarnada de Carver o Bukowski.

Rendición, su nueva novela, es una distopía futurista que sitúa a los personajes principales, el hombre, la mujer y un niño llamado Julio, al final de una guerra que ha durado diez años y que ha asolado la comarca hasta dejarla a expensas del enemigo. Desde sus primeras líneas, Loriga conjuga su oficio de escritor, cineasta y guionista con una puesta en escena magnífica que envuelve al lector en el mundo sórdido y misterioso de esta familia a la que el nuevo gobierno obligará a quemar su casa para ser trasladados como refugiados a la ciudad transparente, una suerte de burbuja que encierra una curiosa metrópoli en la que la gente vive expuesta a la translucidez hasta el punto de extinción de todos sus pudores.

En la ciudad transparente, el gobierno controla cada uno de los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Lo mismo les proporciona un trabajo de acuerdo con las capacidades de cada persona, como les asegura la felicidad completa a través de un extraño proceso de purificación. En esta urbe donde la luz brilla las veinte y cuatro horas, donde nadie padece sentimientos negativos, todo resulta tan perfecto que, de forma inconsciente, sus habitantes caen en una especie de letargo dichoso del que pocos quieren salir. Este aborregamiento los convierte en seres pasivos e irreflexivos, casi mecánicos, hasta que alguien en algún punto decide escapar de aquella comodidad tomando otra vez conciencia de quien es en realidad. Sin embargo, la rebelión no es algo que se haya consentido entre los habitantes de la ciudad transparente, o, al menos, no con las consecuencias que el hombre común habría imaginado.

Con un lenguaje preciso y atildado, ‘Rendición’ narra en primera persona, con la simpleza del hombre de campo, pero con las frases impactantes y profundas del que conoce y entiende el sentido de la vida, la tragedia de los vencidos que son desplazados con cierta sutileza hacia un ambiente ajeno y opresivo que bordea el autoritarismo a pesar de que nunca se lo mencione de forma expresa. Y es precisamente en los puntos ciegos de la novela donde se encuentra su mayor virtud, en aquellos detalles que el lector es capaz de imaginar y sentir sin que el escritor nunca se los exponga de forma deliberada.

Los libros que abren interrogantes, como lo hace ‘Rendición’, son los que dejan una huella más profunda entre los lectores. La obra de Loriga resulta ser un estuche de cuestionamientos: ¿Es la rebeldía el último síntoma de bienestar del ser humano? ¿Acaso la felicidad debería despertar todas nuestras alarmas? ¿Podemos ser triunfadores sin haber sufrido jamás una derrota?