Monseñor Julio Parrilla

Quiero ser famoso

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Parece que no hay nada mejor que ser famoso, aparecer en la portada del periódico o en la pantalla de la televisión. Siento por quienes participan en concursos y en eventos artísticos el mayor respeto y admiración. Sé muy bien que detrás de tantos sueños hay un enorme deseo de triunfar. Pero el fenómeno social en torno al talento bien merece alguna reflexión.

Hoy todo el mundo trata de que la fama le llegue lo antes posible y dure para siempre. Pero, viendo tantas esperanzas frustradas, me pregunto si la fama alcanzará a todos cuantos la desean. Evidentemente, no. El espectáculo forma parte de lo efímero y, detrás de tantos sueños, hay infinitos fracasos y frustraciones.

Para muchas personas, ¿qué significa participar en un talent-show? ¿Fama? ¿Dinero? Aunque los talentos sean numerosos siempre es escaso el número de personas que son admitidas, poquísimas las que llegan a la final, sólo una la que triunfa. A mi criterio, conviene ser más críticos en esto de asumir el camino de la fama.

El problema es cuando son papá y mamá, animados por el espíritu competitivo y por la idea de que su hijo puede ser el mejor, quienes empujan al joven talento a asumir un viaje fugaz hacia ninguna parte. La mayoría seguramente se cansarán pronto de ser marionetas en manos de otros y regresarán a su vida normal. Quizá alguno, con verdadero talento, se convierta en un buen profesional, pero no necesariamente en una persona famosa.

Los medios nos están diciendo que si eres agraciado, tienes un poco de talento, sabes cantar, tocar o moverte, puedes entrar en el star-system. Pero no es verdad. La inmensa mayoría entra y sale por una puerta secundaria, ajena a la fama y a la riqueza. En pocos días serán olvidados y sustituidos por otros héroes de consumo. La verdadera fama hay que merecerla.

Hay que cambiar la perspectiva… y pensar que no sólo la televisión es la que tiene que decretar la fama de las personas. Quizá la fama se pueda y se deba conquistar por otros medios: pienso en el médico que salva una vida, en el profesor que enseña a sus alumnos a conocer el mundo y a ser críticos ante la realidad, en el informático que descubre el modo de que los no videntes accedan al computador,… Ser famoso no significa necesariamente tener que cantar o bailar en la televisión. Este es, sin duda, uno de los tantos caminos posibles, el más corto, pero el que conlleva un riesgo mayor: te escoge, te utiliza y te escupe.


En cualquier caso, de lo que se trata es de capacitarse y de hacer bien el propio trabajo. Y esto siempre conlleva años de esfuerzo y no pocos sacrificios. Un buen gestor de hospital, de empresa o de comercio, un buen docente universitario, no es algo que sucede a los 20 años. ¿Por qué? Porque las profesiones requieren capacitación, dedicación, estudio, pasión y esfuerzo. Algo muy diferente de una noche de gloria efímera en un set de televisión.