Milton Luna

Crisis de confianza

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Perdida la confianza, cualquier relación queda en nada. Se acaban el respeto y el amor. La pasión, base del nexo del caudillo con las masas, se extingue.

Hipótesis: Buena parte de los sectores populares y la mayoría de las clases medias no confían en el Gobierno que tanto quisieron y respaldaron. No solo que no le creen, sino que no le aguantan, ¿Y las élites? La desconfianza es resultado de una acumulación de múltiples decepciones. ¿Tienen consciencia de este hecho los voceros gobiernistas de “izquierdas” que han salido a los medios en estos días? ¿Se percatan que algo se modificó en la realidad, que del cariño se pasó al rechazo? No, no tienen la facultad ni la sensibilidad de preguntarse el por qué más y más gente les enfrenta. Pero, ante el espejo con obsesión religiosa repiten: “Somos más, muchos más”; los críticos: “Malos… desagradecidos… manipulados”, “grupúsculos de derecha”.

Alejados de la realidad plantearon nuevos impuestos a una población exhausta económicamente e irritada ética y políticamente. Colocaron la gota que derramó el vaso de una inconformidad contenida a punta de miedo. Pasadas las semanas de protestas, lo único que se les ocurre decir es: ¡Conspiración! Ceguera total.

Mensajes extraviados y contradictorios, cubiertos de ideología superficial y melodrama han llevado a la política a un juego de micromatemática confusa, del que nadie entiende nada: Si tienes tanto y divides para tanto, entonces no pagas nada. Conclusión: entonces, ¿tanto relajo para nada? Pero lo que queda flotando, por desconfianza, es la sospecha de que quieren meterse con el patrimonio sagrado de tus hijos. Así, por la desconfianza, hasta cuando dices la verdad, ya nadie te cree.

“¡Justicia Social! ¡Distribución!”, ¿De cuánto? ¿De alrededor de 40 millones de dólares? Parece chiste, pero si eso costó el edificio regalado por el Gobierno a la Unasur, dicen los críticos. ¿Pero en qué se invertirá lo recaudado? ¿En infraestructura y educación: en escuelas del Milenio, en Yachay, en las becas, en los Prometeo? Pero –siguen los críticos- luego de ocho años de Gobierno, la gente que aplaude las carreteras, también quiere saber sobre el costo excesivo de algunas de ellas. Y desea conocer sobre la calidad de la educación ¿Cuánta plata se ha invertido en consultorías (nacionales y extranjeras: argentinas, chilenas, españolas) que han tenido tan magros resultados en calidad?
¿Cuánto cobra el rector extranjero de Yachay? ¿Entre 16 0000 y 18 000 dólares mensuales? ¿Cuánto ganan los profesores y gerentes de tan monumental experimento? ¿Quiénes y de qué clase social son los beneficiarios de las
10 000 becas de la Senescyt? ¿Cuántos proyectos de desarrollo, patentes y nuevos conocimientos han aportado los famosos profesores extranjeros Prometeo?

Perdida la confianza… Problemón.

mluna@elcomercio.org