Miguel Rivadeneira

La pesada carga burocrática

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A confesión de parte, relevo de prueba. Al menos dos altos funcionarios de esta administración, un Ministro de Estado y otro Ministro Coordinador, admitieron públicamente este mes que la tramitología en el sector público es una debilidad y que se trabaja para acelerar los procesos. Incluso, fueron mucho más allá con autocríticas y ejemplos de la pesada y engorrosa tramitología. Sin embargo, hacen esfuerzos para agilizar las acciones y se espera otro informe para tomar correctivos, aunque van a cumplir ya ocho años de administración.

Se admite también que el Código Orgánico de la Producción, que está vigente desde diciembre del 2010, ha tenido errores y vacíos y no ha llenado las expectativas que se establecieron al comienzo. Por ello las reformas urgentes que se tramitan y se espera aprobar en las próximas horas en la Legislatura con el denominado proyecto de Ley Orgánica de Incentivos a la Producción y prevención del fraude fiscal, que tampoco ha llenado las expectativas del sector productivo, que busca fundamentalmente el fomento real a la producción y productividad, impulso a la generación de fuentes de empleo y un ambiente de confianza y seguridad jurídica.


Otro año que termina, pero la carga burocrática sigue siendo un dolor de cabeza para los usuarios. Los trámites no se han agilizado y ya no se puede culpar al “pasado oprobioso” cuando han transcurrido ocho años, tiempo suficiente para mejorar en esta materia al sector público. Una observación lógica es que si ha crecido la burocracia y el número de ministerios e instituciones y empresas públicas, las trabas y los obstáculos en la tramitología se explican. Seguramente la burocracia y los funcionarios de las nuevas estructuras tienen que justificar la presencia en los cargos.

Uno de los ministros destacaba el proceso rápido para crear una empresa pero ponía un ejemplo. Decía que no es posible que si una compañía que hace un determinado producto con una fruta y quiere presentarlo con otra fruta tenga que sacar otro registro. Eso le lleva seis o siete meses y esa es una realidad inocultable.
A estos lentos trámites burocráticos se suman otros. En el sector de la salud hay evidencias de los largos procesos para acceder.

Antes padres de familia con un niño enfermo, no de emergencia, iban al hospital de especialidades. Cierto es que madrugaban y hacían cola para tomar un turno y lograr la atención luego de varias horas. Hoy no pueden ir. Tienen primero que pasar por un centro de salud. Hacer cola para abrir la historia clínica, si pueden el mismo día. Luego sacar turno por el ‘call center’, cuya respuesta puede demorar semanas o un mes.

Posteriormente, le atiende el médico, le valora y si amerita le tramita la referencia, vía procesos de gestión, que demoran otras semanas. Le saca el turno cuando haya espacio y recién llega en varias semanas más al hospital de niños.