Miguel A. Vasco

El itinerario de la paz

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La paz y la seguridad son objetivos prioritarios de la sociedad internacional jurídicamente organizada. Ello no obstante, pese a los constantes esfuerzos desplegados, conflictos de diversa importancia e intensidad se producen en varias latitudes del planeta, por razones que a veces dimanan de una perspectiva histórica.

Se podría afirmar que la paz ha sido un antiguo anhelo de los pueblos, perturbado por la emergencia de conflicto de intereses y controversias, encarados por el poder político con acciones tendientes al uso de la fuerza para su solución.

Los propósitos de paz han sido tratados desde un ángulo filosófico e idealista por pensadores como Kant, quien en su famosa obra “Hacia una paz perpetua” considera que ésta no es una quimera sino un fin alcanzable mediante un largo proceso de aproximación gradual, que contempla para ello la creación de una confederación de Estados libres. Frente a esta laudable utopía, el realismo político nos demuestra que no ha sido la armonía sino el conflicto intermitente el que ha caracterizado al desarrollo de las diversas etapas históricas de la humanidad. Por eso la ecuación paz-guerra acompaña al periplo humano desde tiempos inmemoriales. Según la visión de Tucídides, el historiador ateniense, “la paz es un armisticio en una guerra que nunca terminó”. Y la percepción determinista de Hobbes le llevó a sostener que el hombre tiene una inclinación natural hacia la violencia: por eso acuñó la conocida expresión “homo homini lupus” (el hombre, lobo del hombre). Esta noción conceptual pervivió varios siglos y por eso la doctrina clásica justificaba el uso de la fuerza en las relaciones internacionales como un atributo de la soberanía, a partir de la premisa de la guerra justa, o sea de una causa justa en defensa del Estado.

Al comienzo de este comentario decíamos que la comunidad internacional jurídicamente organizada considera a la paz como un objetivo prioritario. Conviene aclarar que éste es un fenómeno característico del siglo XX, con la creación de la Sociedad de las Naciones (1 919), al término de la primera guerra mundial, y después con la Organización de las Naciones Unidas (1945), al concluir la segunda conflagración mundial. Tanto el Pacto de la Sociedad de las Naciones como la Carta de la ONU coinciden en el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales y de impulsar la cooperación entre los Estados miembros, mediante medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz y suprimir actos de agresión, a la par que lograr el arreglo pacífico de las controversias de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional.

El nuevo Secretario General de la ONU, el portugués Antonio Guterres, exhortó a los líderes del mundo a asumir la paz como una prioridad esencial del año que comienza.