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El 24 de mayo, usted se posesiona como el cuadragésimo cuarto presidente, en un momento crucial para el país. Un ciudadano que toma las riendas del Ecuador y que dirigirá el destino de este maravilloso país, tiene la mayor responsabilidad que se le puede encargar a uno de nosotros. Evidentemente requiere un líder con sabiduría, un ejecutor impecable de las acciones que la coyuntura política, económica y social requieren. Un hombre apasionado por el bienestar colectivo a costa del individual que evidencie esto en una gestión social directa, sin intermediación o comisionistas burócratas. Que los beneficios que el estado recolecta, vayan los más necesitados, a través de una mejor salud, educación y de empleo para reemplazar la dádiva y la caridad que no tiene asidero en una economía desarrollada.

Es evidente que la tendencia política es coincidente con la del gobierno saliente y no es de esperar cambios que vayan a trastocar un pensamiento socialista, siempre bienvenido cuando es bien entendido, pero sí, que se tomen las decisiones que permitan que el país se enrumbe en un camino de estabilización, confianza y de un bienestar sólido.
Estos son los temas de un país que tiene que enderezar muchas cosas:

La refinanciación y reducción de la deuda pública, la posibilidad que los productos ecuatorianos estén en las perchas internacionales financiados con capital global, una diversificación de la matriz productiva que no dependa del petróleo sino de la agroindustria y la tecnología, una real concepción donde la empresa privada, de cualquier tamaño, sea considerada como el motor del crecimiento económico. Una eficiente utilización de los recursos para infraestructura y proyectos nacionalmente rentables.

Un líder con humor y capacidad de escuchar, que pueda reírse de los propios chistes en su contra y entender una mala seña de cualquier ciudadano como una alerta de descontento. Un presidente que le abra la puerta a la democracia y le invite a pasar al Palacio de Carondelet para que se quede de manera definitiva aun cuando ese líder ya no este.

Un ser obsesionado con una justicia social y siendo el primero en someterse, ni se diga sus subalternos, a un permanente escrutinio ciudadano y a la fiscalización de sus actos y decisiones en un ambiente de pulcritud y transparencia, exigiendo a los otros poderes del estado ese mismo rigor y ejemplo.

Seguramente en el ejercicio de su mandato encontrará muchas más, yo he querido citar las más importantes desde mi punto de vista. La necesaria tarde social demócrata (las largas noches neoliberales y del siglo 21 ya están ocupadas), lo cierto es que son temas imprescindibles y urgentes y requieren de mucho coraje y decisión y es de esperar de un estadista, que proceda consecuentemente con las necesidades de su país y sus compatriotas.