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Valentía, palabra frecuente para describir al ser humano por sus actos o palabras, reconocidos como heroicos. Califica bien a quien partió al otro mundo, de nubes azules y acolchonadas o, en su defecto, al caldero de fuego infernal. Cuando un hombre deja de ser presencia en el plano que existimos, se dice lo que sea, pocos lo discutirán, la única verdad es, que ya no está. Hazañas gigantes, lo hayan sido o no, lo recordarán con bondad. Sus maldades e injusticias, avaricias y actos negativos, se perderán con el pasar del tiempo. Si su vida fue pública y sus acciones más negativas que positivas, serán figuras controversiales y, el llanto masivo, no faltará. Los fanáticos lo defenderán firmemente contra el juicio de la historia, será el maestro de la verdad, más aún, si se cobijaron bajo su manto de poder. Sus detractores, sacarán a la luz la verdad. El pueblo que vivió en silencio bajo su poder, podrá, con nueva libertad, gritar su dolor, no por la muerte, sino, por lo vivido.

Los muertos, muertos están y, seguiremos por siempre, hablando sobre ellos; unos a favor y otros en contra. Los vivos, en cambio, estemos o no en política, tenemos la obligación de juzgarnos a nosotros mismos, mientras la sangre corre por nuestras venas y la consciencia se forma a diario para perseguirnos o no, en las noches, al intentar el sueño. Los políticos actuantes y los que pretenden actuar, deberán hacerlo con profundidad. Los primeros habrán perdido la vergüenza y el verdadero sentido del servicio al pueblo, como los muertos recientes lo denotan. Creerán que son tan grandes que se merecen un paseo eterno y la gloria, desvergonzados esperan los honores.

Los que quieren actuar, repasan en su imaginación. Los actuantes, olvidaron al pueblo, su razón de ser. La mayoría de los que quieren actuar, sin duda, desconocerán lo vivido y prometido cuando la ambición, el poder y la gloria se haya apoderado de ellos. Cuando crean haber crecido, olvidarán el camino que prometieron caminar. Se desviarán por el más fácil, creer que son mejores.

Una alternativa, la valentía de ser. Ser siempre lo que dicta la consciencia. La valentía de dejar correr bajo sus pies el arroyo de la codicia, la ambición y el enfermizo poder. La valentía de, para cumplir con su llamado, ser auténticos y, mantenerse, con el correr de los años, humildes, trabajadores, serios, responsables del porvenir de sus coterráneos que le brindaron el honor de llevar los colores de su patria.

Ser valientes es sentir la libertad y practicarla.
Ser tolerante ante la diversidad. Practicar la valentía. Liberándose del dinero compra consciencias y el poder productor de vanidad. Valentía para mantenerse hombres y mujeres de bien, que no necesitan firmar un papel para cumplir con la promesa al pueblo. Su compromiso, consigo mismos, de no robar el futuro a los ecuatorianos. Valentía para no llorar lágrimas de cocodrilo ante un hombre que desaparece con su triste ideología. Escondidos bajo su idea para no aceptar las de los demás.

Bajo su ideología para pretender ser lo que no son. Valiente el que se presente como es y, en cuatro años, sea el mismo, enriquecido sólo con experiencia.