María Cárdenas R.

Entre revolución y la evolución

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Cuando el perfil político y la desmedida ansia por ser rey se sobreponen al verdadero deseo de servir al pueblo con humildad, se pierden el norte, la meta, los sueños y se termina perdido en un mar de deudas, en promesas que no se pueden cumplir y finalmente el uso y abuso del votante.

Esto desencadenará no en una revolución sino, una involución, hacia aquellas negras noches sumadas a la división del pueblo en mil subgrupos, copia exacta de todo aquello que tanto han publicitado que odian y hasta desprecian. Aunque muchos aún no se dan cuenta, inexorablemente vamos para allá.

En silencio, con el miedo como oxígeno, sin atrevernos a hablar en alto, a demostrar porque no sabemos al abuso que nos expondremos, sin libertad de expresión ni de disentimiento. Somos un grupo de borregos y pocos se atreven a hablar.

Ya vemos, lo vivimos, lo sentimos, este tipo de involuciones, digo revoluciones, acaba con los países. La mentira se convierte en la propaganda usual, la exageración en el pan de cada día, los corruptos son lo que hablan claramente y solapadamente los que no lo son. ¡Qué confusión! Pensaría que debería ser justamente al revés, que quienes, por pocos que sean, hablan la verdad deberían gritar a los cuatro vientos pero, una vez más, se ven expuestos a los encubiertos ataques que llegan desde los más diversos frentes.

Este año, así lo predicen los expertos e historiadores, los economistas y los que hablan la verdad, será un año difícil que se inicia con un petróleo a escala mundial que se iguala a los de la recesión. Afecta a unos países más que a otros, pero a todos a la larga porque incide en otros índices de la economía.

Nuestro país, aunque poca atención le pongan, a pesar de ser productor del bien, sigue endeudándose, mantiene bonos que no ayudan sino a que el pueblo mismo mienta y engañe y tenga trabajo, hasta dos y, además, el bono.

Se hacen promesas, se canta, se baila pero ante todo se miente y a gritos, gastando los impuestos de un pueblo que bien podría estar recibiendo escuelas, auténticas, salud verdadera, no la que endeuda a unos para “beneficiar a otros” y deja sin cuidados a todos. Tanto se puede decir y, sin embargo, se debe callar.

Se desvía la atención, se pierde el valor interno y propio u orgullo de cada ecuatoriano, ya que cuando despierte del sueño dorado descubrirá las cosas en blanco y negro y no flotando sobre nubes de algodón de azúcar. ¿Se dará entonces la revolución?

Pero es justamente esta desviación del perfil político, que se ha convertido en el que más gana para sí mismo. Ojo: no me refiero a lo material únicamente, sino a ese llenar el alma de un yo gigantesco y no querer que se evolucione, que los jóvenes u otros, si es del caso tomen la posta, el adornarse y permitir que lo adornen, cuando la humildad de sirviente del pueblo no se lo debería permitir a sí mismo.

Esas son las pequeñas diferencias entre las revoluciones, las involuciones y lo que debería ser nuestro mayor deseo, la evolución.