Marco Arauz

Moreno, ¿retoque o cambio?

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Ayer se confirmó que el binomio de AP para las elecciones del 2017 estará integrado por Lenin Moreno y Jorge Glas. Las candidaturas fueron presentadas con un plan de Gobierno para continuar los diez años de la administración de Rafael Correa, quien estuvo presente junto a otras figuras. En esas condiciones, ¿Moreno encarna la promesa del aire fresco que necesita el país y a la que él ha hecho un guiño?

La debilidad manifiesta de la oposición, con una derecha dividida y una centro izquierda que se lanzó al ruedo sin todas las armas electorales, parece haber convencido a los estrategas de AP que Moreno y Glas pueden ganar en la primera vuelta y que no corren el riesgo de una segunda, donde pudieran ser derrotados por el binomio opositor que logre pasar.

Tomar esa opción significa creer que el efecto Glas no será tan gravitante sobre la figura de Moreno, quien fue mantenido como una reserva electoral largo tiempo y que en varios momentos ha marcado distancias, sobre todo en las formas, con el correísmo. Pero también puede significar que no se lo quiere dejar con las manos libres para que marque su propio derrotero. ¿El electorado votará por un cambio de estilo supervigilado? ¿Es lo que se necesita?

Es cierto que Moreno no ha tenido tiempo para decir sus verdades aparte de señalar, apenas llegó de Ginebra, que será respetuoso con quienes piensen distinto y que está abierto a dialogar con otras organizaciones políticas. Pero tras los extremos a los que se ha llegado, el respeto a los otros pasa por derogar o reformar disposiciones y leyes que se han convertido en un dogal para la libertad de expresión y de organización.

Un cambio significa menos concentración de poderes y abolición del híperpresidencialismo. Tal como está concebida la actual arquitectura institucional, una reforma va más allá de declaraciones caballerosas. No hay que olvidar que entre los ‘morenistas’ que se oponían a que Glas fuera el candidato hay fervientes defensores de ese modelo político.

Con todo lo importantes que son esos aspectos, uno central es el manejo de la economía. La ‘revolución’ sigue inmersa en un modelo concentrador que se nutrió de la bonanza petrolera y el cambio de matriz productiva no se ha cumplido. Si se cayó en el satanizado modelo de privatizaciones es para mantener el nivel de gasto con la concesión de activos y de más endeudamiento. Aunque se cambió el esquema de medición, la deuda pública está cercana al límite del 40% del PIB.

La figura de Glas ha crecido en el último año como el álter ego de Correa y como posible presidenciable, y es difícil ignorar su peso específico en un posible futuro gobierno. Es también difícil pensar que Moreno esté simplemente dispuesto a quemarse en la apuesta de ayudar a AP a pasar el bache para retener el poder. ¿Retoque o cambio?