Marco Arauz

Que no nos roben nada

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Dos frases han quedado retumbando, quizás más que ‘el trueno horrendo que en fragor revienta’ del Canto a Bolívar. La primera: ‘¿Saben qué sabemos del caso Odebrecht? Yo sí sé. Sé quién es el corruptor. Es Odebrecht. Así es que hemos avanzado, ya sabemos que ellos son los corruptores’. La dijo el fiscal Galo Chiriboga en la Asamblea. La segunda es del presidente Rafael Correa en el enlace 506: ‘Que nos roben todo, menos la esperanza’.

En octubre se quiso dar por cerrado el caso Petroecuador con unas incautaciones, unos detenidos y con el ex gerente y decenas de sindicados a la fuga. Hace poco se añadió el nombre de Carlos Pareja Cordero. Da igual que sea un personaje de la vieja partidocracia, pues aparentemente se movía a sus anchas en terrenos de la ya no tan nueva partidocracia.

Luego llegó la denuncia de corrupción de Odebrecht. El Departamento de Justicia de EE.UU., dentro de la investigación sobre las actividades criminales de la firma en ese país, señala que Odebrecht habría entregado USD 33,5 millones de coimas a funcionarios ecuatorianos a cambio de jugosas ganancias.

El Gobierno salió con todo a enfrentar la nueva denuncia, y últimamente el Presidente clama por los detalles. La Fiscalía ya terminó de traducir el pedido de asistencia penal para la justicia estadounidense. El Embajador de Ecuador, quien hizo la gestión allá, informó que ‘la pelota está en la cancha de ellos’.

Se podría especular sobre la reacción del Gobierno, sobre todo si se toma en cuenta la proximidad de las elecciones, pero conviene ver cómo se está procediendo en algunos países también salpicados por la denuncia. Está claro que aquí no se podrá formar una comisión, después de que dos veedores deberán ir a la cárcel. Lo lógico sería volver los ojos a las autoridades de control y a la justicia. En un sistema en donde hay independencia, no cabría dramatizar sino investigar, pues quien nada debe, nada teme.

Pero cuando uno se fija en el primer eslabón, se encuentra con perogrulladas como la del Fiscal. Una vez que descubrió quién es el corruptor, ¿qué piensa hacer? ¿Lo mismo que con el caso Petroecuador? Ya tiene en sus manos la segunda asistencia penal de Panamá, que fue objeto de suspicacias, pero seguimos esperando conocer el contenido y, sobre todo, qué acciones tomará.

Hoy nos enteramos de que dos pedidos de asistencia penal estuvieron mal planteados. La fotografía del sistema judicial, frente a unas denuncias tan graves, no es la mejor ni interna ni externamente. El país no se lo merece, como no merece que le digan que los sobornos los financian las empresas.

En todo tiempo, la corrupción es la mayor traición a un país, y un sistema de control independiente puede evitarla. La corrupción, por concepto, ha matado, mata y matará la esperanza. Que no nos roben nada.