Marco Arauz

¿Dónde está Lenín Moreno?

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Se equivocaban quienes imaginaban -incluido el candidato de AP- que el presidente Rafael Correa iba a dejar un espacio para producir algo que se parezca a una pausa o a una transición con el gobierno que se instalará en mayo del 2017.

Al contrario. Más allá de actos administrativos vistosos, como el pedido de dimisión del gabinete o dos cambios en la cúpula militar, en los últimos días el Gobierno ha producido una catarata de hechos, y no solo económicos. Por ejemplo, el presidente Rafael Correa insistió en la consulta sobre el llamado pacto ético, un supuesto blindaje frente a la corrupción en Petroecuador.

Pero vamos a los temas con peso económico. Correa decidió reenviar a la Asamblea la Ley de Plusvalía, que aumentará significativamente el impuesto a las ganancias que resultan de la diferencia entre el precio de venta de un inmueble y su valor catastral. La medida no afectará a las personas de escasos recursos pero además es un gran guiño de ojo, en tiempos electorales, a los municipios, que serán los beneficiarios de esos ingresos.

El Gobierno decidió también apretar las tuercas a la banca privada con varias decisiones; la que más reacciones ha traído es el aumento del encaje a los bancos con activos de más de USD 1 000 millones. Otra resolución que afecta a los actores financieros y alegra a los usuarios es la disminución, desde el 1 de enero del próximo año, de los costos de 14 servicios bancarios.

Eso permite colegir que, si bien la intención declarada de que la banca ponga a trabajar el dinero de los depositantes, la estrategia política es escoger como objetivo a la mal llamada ‘bancocracia’, algo que tiene su riesgo pero incomoda a la candidatura de oposición mejor ubicada hasta hoy. El presidente Correa ya venía apuntando sus dardos en esa línea.

Otra noticia de la semana fue la colocación de bonos por USD 750 millones, que se suman a los otros 2 000 emitidos este año, en un contexto de déficit fiscal. En suma, una tromba que no se detiene y que sigue un ritmo propio, bajo la lógica de que hay un programa de gobierno que deberá ser continuado por el candidato de AP en el caso de que ganara.

De estos temas económicos, Lenín Moreno -quien empezó hablando de un cambio de época- solo se ha pronunciado a favor de la plusvalía. ¿Ya aceptó que la campaña se hará con el molde de AP, lo cual quiere decir con el molde de Correa, y quiere evitar otra arremetida como la que provocó cuando planteó revisar el anticipo al Impuesto a la Renta?

¿Dónde está Moreno? Todos sabemos, por supuesto, que está inaugurando convenciones, dirigiendo concentraciones y reuniéndose con simpatizantes, pero no sabemos si ya está listo para dejarse absorber por la lógica y la fuerza de AP. Y no sabemos tampoco qué piensa y puede hacer si aún quiere desmarcarse del Gobierno.