Marco Arauz

Enfermos de poder

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Ya no se sabe qué es más vergonzoso: si la conversación entre el Presidente de la Asamblea y el excontralor Pólit o las justificaciones del primero para hablar con un prófugo de la justicia. No se sabe si llorar o reír cuando el segundo se erige en autoridad y suelta solo lo que le conviene sobre uno de los más nefastos ciclos políticos.

No se sabe qué pensar cuando el Fiscal, movido por la necesidad de frenar un ataque en su contra -los gastos por el informe del 30-S- antes que por la obligación de llegar al final de las cosas, divulga un audio que, debidamente judicializado y dentro de un proceso, podía haber sido un hilo que condujera a la madeja de corrupción que se dice se quiere extirpar.

Hasta hace unas semanas parecía que la Fiscalía se aprestaba a avanzar en algunos de los frentes en donde hay indicios de corrupción. Se habló de varias líneas de trabajo y de equipos especializados, pese a las limitaciones de recursos. Pero huele a cancha trazada, a acuerdos que no se cumplen y a rivalidades personales en las que importa el poder y no la verdad.

Por eso, causa acholo ajeno que quienes lucraron de un poder corrupto y querían asegurarse impunidad por más años, hasta que todo pasara al olvido, quieran desempolvar esa supuesta superioridad moral que tan efectiva resultó durante años para saldar cuentas con los ‘traidores’. Ya lo decía Hitler: mientras la mentira es más grande, resulta más creíble

Todo indica que el Fiscal dejó pasar su momento y que lo que viene es un reacomodo político en el que no hay que descartar que sectores opositores también hagan sus cálculos de corto y de mediano plazos. Habrá que ver con atención cómo se comportan las bancadas frente a posibles cambios que enmendarían en algo el triste papel fiscalizador de la Asamblea.

¿A quién regresar a ver? Sería injusto poner sobre los hombros de los flamantes miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social transitorio la responsabilidad de enderezar todos los entuertos. Pero tienen en sus manos la posibilidad de extirpar una parte del problema al atacar el origen: un consejo político sin ciudadanía.

Es posible que funcionarios y jueces den algunos pasos más allá de los amarres y los compromisos. En estos días, el exministro Alecksey Mosquera se ha declarado culpable pese a que el expresidente Correa decía que su acuerdo con Odebrecht era ‘entre privados’. Y la Contraloría ha pedido a la Fiscalía incluir al exPresidente en la indagación del caso Singue.

¿Y qué puede hacer el presidente Moreno? Su mejor contribución en este momento político difícil será terminar de romper el cordón umbilical con ese correísmo que sigue tomando decisiones en su Gabinete, y anunciar, de una vez por todas, su plan económico, pese a los inevitables costos políticos.