Manuel Terán

Nuevos tiempos

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Durante los últimos años en los que existieron abundantes recursos provenientes de los altos precios del crudo, Ecuador experimentó una etapa en la cual la conflictividad política no apareció. El dinero circulando en abundancia vía gasto estatal amortiguó las críticas, que se circunscribían principalmente a comentarios que se emitían en medios de comunicación no controlados por el régimen; invitados de otra orientación política o académicos que no compartían las tesis gubernamentales. Esto conllevó a que desde el oficialismo se identificará a la prensa independiente como un contendor político, a la cual también había que, en sus palabras, “desmentir”.

Pero el tiempo y los errores políticos hicieron que el apoyo se resquebrajara. La primera señal fue la derrota en los comicios en los cuales se eligieron autoridades locales en los que, diga lo que se diga, el grupo en el poder sintió un fuerte sacudón perdiendo una plaza política emblemática como es la capital de la República.

El asunto no quedó allí, las cosas se complicaron en materia económica provocando, en consecuencia, una escasez de recursos que ha obligado a realizar cambios que en última instancia han afectado el bolsillo de un gran segmento de ecuatorianos.

El Gobierno ha reparado en lo sucedido y ha decidido tomar medidas políticas. La principal: proponer una enmienda constitucional que permita la reelección indefinida que, de aprobarse, abriría la puerta al actual Mandatario para postularse para un tercer mandato consecutivo. Pero otra, quizás no tan promocionada, es la propuesta que se teje en las esferas gubernamentales para cambiar las normas que rigen el método de asignación de escaños legislativos según el respaldo obtenido.
En las últimas elecciones, con aproximadamente el 53% de votos a favor, el grupo mayoritariamente votado para la Asamblea copó cerca del 75% del espacio legislativo. Ahora, luego de la experiencia de las elecciones seccionales presumen que, de repetirse la última votación, su grupo político no controlaría holgadamente la Función Legislativa como lo han hecho hasta ahora, razón por la cual proponen volver al mecanismo anterior al ahora vigente en que se otorgaba mayor representación de las minorías.

Todo esto hace suponer que los debates y recelos al interior del oficialismo, de cara a los últimos sucesos, no deben ser tan optimistas. Aún en el evento que se aprobasen las enmiendas constitucionales, asunto que amerita otro análisis, y que el movimiento político en funciones resultare ganador en los comicios, cualquiera que fuese el candidato que los represente difícilmente sostendrá el poder hegemónico que edificaron en los últimos años. Un escenario probable es volver a los tiempos en que los representantes políticos eran reflejo de los segmentos más o menos definidos en la sociedad. Un sector de izquierda que, en su mayoría, aún es el núcleo duro de apoyo al régimen; un grupo de centro derecha más proclive a las tesis liberales; y, en el medio, un variopinto segmento que puede inclinar la balanza en forma impredecible.

mteran@elcomercio.org