Luis Gallegos

Inestabilidad e incertidumbre

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La política internacional, particularmente en el 2018, se deberá analizar con inteligencia y visión estratégica. Los cambios en las posiciones de actores importantes en el concierto internacional agravarán la confrontación perpetua de intereses de los estados y de actores relevantes, determinando en mucho lo que hará la comunidad internacional frente a los retos universales.

No podemos dejar de lado que muchas de las decisiones de la administración Trump han “pateado el tablero” internacional, aumentando esa inestabilidad y la incertidumbre que tensa la ya compleja relación mundial.

Dejar a un lado la multilateralidad por la unilateralidad en la política exterior de Estados Unidos trae la necesidad de planificar escenarios antes no considerados por los aliados de ese país y por los demás miembros de la comunidad internacional. La determinación política de disminuir las capacidades del Departamento de Estado es un reflejo de la decisión de la primacía a la política nacional sobre la política internacional. En muchos casos, esto será beneficioso para los demás países, ya que el ejercicio de influencia de Estados Unidos decrecerá a no importarle el mundo externo y permitirá que haya otros niveles de decisión internacionales. Ello puede ser peligroso, ya que lo impredecible es un nivel de riesgo que permite la expansión de los conflictos y el aumento de las confrontaciones.

Esta posición refleja la “internacionalización de las variables internas” de Estados Unidos, sometiendo las decisiones de política exterior a los intereses electorales del Gobierno y no necesariamente a las estrategias y acuerdos de política exterior con sus aliados y hasta con sus adversarios.

Hay que generar capacidad y voluntad internacional para tener estrategias y acuerdos que permitan reducir estas tensiones y superar los impasses que tenemos hoy y que seguramente tendremos en el inmediato futuro.

La capacidad de generar acuerdos internacionales depende del liderazgo de actores con visión y capacidad de convencimiento de las grandes causas de la humanidad: buscar la paz y seguridad; enfrentar el terrorismo y el crimen organizado; dar soluciones a los problemas de los millones de migrantes y refugiados; preservar y cuidar el planeta; desterrar el hambre y la pobreza, enfrentar el cambio climático con voluntad política; usar la tecnología para avanzar las causas del hombre, pero sobre todas, el predominio de los derechos humanos.

Será un año de retos en un mundo interdependiente donde las variables externas incidirán en lo interno de nuestros países con graves consecuencias si no tenemos estrategias y acuerdos mínimos internacionales que protejan a nuestros pueblos de impactos que, como estados individuales, son incontrolables. No hay que ser esclavos de la decisión de otros, sino dueños de nuestro destino.