Lolo Echeverría Echeverría

El fin de la política

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Desde que los cambios empezaron a acelerarse y los sistemas que inventamos para vivir juntos revelaron serios problemas, empezamos a pronosticar el fin de todo que es una forma de proclamar que necesitamos inventar otras instituciones y empezar de nuevo. Mas, oh dolor, no hemos podido inventar ni un nuevo sistema financiero internacional, ni nuevo sistema de valores morales, ni nuevos sistemas para reemplazar a las ideologías, los partidos y la política.

Las ideologías eran formas ideales de vivir juntos inventadas por el hombre y la política era la forma de mantener la vida social acercándose a esas formas ideales mediante estrategias y acciones propuestas por grupos de ciudadanos.

El repudio a los partidos políticos que se expresa con vehemencia en todas partes, significa la renuncia del ciudadano a la política. Ese repudio conduce a las formas regresivas de organización que estamos viendo en el mundo, desde las formas militaristas hasta las teocracias y el populismo que es la mezcla de las dos.
En la escala de valoración de los ciudadanos, se turnan en los primeros lugares la Iglesia y las Fuerzas Armadas y en los últimos están la política y los partidos.

Los medios de comunicación se mueven en la mitad y son vistos, de acuerdo con la manera de actuar, como instrumento de las élites para imponer su visión o como mecanismo de los ciudadanos para controlar al poder.

Con el cambio de gobierno que suele llamarse también cambio de mando, sería deseable que pase el mando, de los caudillos iluminados que viven entre la devoción religiosa de los cofrades y la disciplina militar impuesta a los “herejes”, a los ciudadanos que son capaces no solo de elegir sino de vigilar y hasta destituir a los elegidos si se apartan del mandato entregado por los dueños del poder.

Vivimos un período en el cual albergamos la última esperanza de que los partidos políticos sean todavía rescatables y que de las ideologías podamos todavía salvar el deseo de encontrar objetivos comunes viables y aceptables para todos.

Esta tarea solo es posible para la ciudadanía que es, desde que el hombre inventó la política, el grupo de personas iguales que deciden vivir juntos, en consenso y de manera solidaria, buscando en la razón y no en la magia, voluntariamente y no por la fuerza, el mejor modelo de vida humana.

Los ciudadanos organizados tendremos que buscar las nuevas formas de vida en común, superando las deficiencias que nos han inducido a pronosticar el fin de la política y rescatando a los partidos políticos que quieran ofrecer formas creativas de organizar la sociedad.

Eso es política, y no regurgitar, como oferta, lo que la gente quiere escuchar, según la encuesta de opinión pública que se basa, como dijo Bourdieu, en una doble mentira: que existe una opinión colectiva y que todos están en posibilidad de formarse una opinión.