León Roldós

Después de Francisco, ¿qué?

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El presidente Rafael Correa, la noche del lunes 15 de junio, expresó que para evitar violencia “más aun cuando precisamos para la visita del papa Francisco un ambiente de paz, regocijo y reflexión para su recibimiento, he decidido retirar temporalmente los proyectos de ley” –sobre las herencias y la plusvalía-.

También invitó a un debate nacional no solo sobre esas leyes, sino también “sobre la clase de país que deseamos”.
En los textos de los oficios enviados a la Asamblea Nacional, se expresa que el retiro lo hace sin perjuicio de enviar similares en “los próximos meses”.

¿Será solo un paso atrás, para que baje el nivel de las protestas, y luego -después de la visita del papa Francisco- avanzar con la aplanadora del Gobierno en todos los espacios del poder público y de control constitucional y jurisdiccional, para imponerse, desacreditar y perseguir a los contradictores que tache de conspiradores?

¿Será como cuando un cónyuge agrede a la pareja, pero le exige que se lave la cara y se maquille, porque hay visitas en la noche?, con el agregado, explícito o implícito, “mañana te rompo la cara”.

Sería una ofensa que se reciba al papa Francisco con una hipocresía colectiva, fingiendo paz, regocijo y reflexión.
Sobre los dos macrotributos propuestos, el de la herencia y el de la plusvalía, se ha expresado que el objetivo no es tributario, sino de redistribución de los bienes y la riqueza.

Por eso, las tarifas confiscatorias -en las herencias, por encima de USD 566 400, inicialmente, el 77,5%, luego la bajaron a 47,5%; en plusvalía, el 75%- para forzar a vender los bienes, y lo que se reciba de precio, pase al Estado. ¿USD  566 400 será una inmensa fortuna?

En la revolución soviética, el modelo reproducido en países de corte totalitario, el castigo llegó hasta las pequeñas unidades de producción. El destino de todos solo debía ser trabajar para el Estado.

El artículo 12 de la Constitución de 1936, con Stalin, decía: “ El trabajo en la URSS es un deber y una cuestión de honor para cada ciudadano apto, de conformidad con el principio: “El que no trabaja, no come”.

León Trotski, perseguido y asesinado en México por orden de Stalin, refiriéndose al servilismo que este imponía, habría expresado que en el estalinismo “el que no obedece no comerá”, porque los modelos totalitaristas exigen obediencia.
En la práctica, en esos modelos solo existen dos clases. Una es la media para abajo. Y otra, la de los entornos de poder, una condición que le da acceso a comodidades y viabiliza las fortunas ilícitamente apropiadas.

Que haya tributos pero no confiscatorios, porque estos alimentarán la voracidad de nuevos ricos, con fortunas mal habidas.

lroldos@elcomercio.org