León Roldós

¿El Gobierno ganó o perdió?

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Son preguntas reiteradas sobre el debate del pasado miércoles 28 de octubre. En la profundización de las diferencias que se está dando en el Ecuador, los del entorno del Gobierno sostendrán que el Presidente y sus colaboradores se impusieron; los críticos argumentarán por las intervenciones de corte técnico y académico de Alberto Dahik y Mauricio Pozo.

Capítulo aparte fue lo de Ramiro González, recientemente apartado del Gobierno. Tocó puntos importantes y en forma incisiva, para intentar demostrar que su presencia no era tongo, respondiéndole el presidente Correa: “Pura demagogia”, “si vieron el sancocho que me hizo”.

Los sectores políticos de oposición priorizarán la crítica sobre el debate en sí: ¿para qué sirvió? Respondamos esta pregunta: de algunas cosas se habló con realismo, pero esto no nos acerca a soluciones, de seguir anclados a ser críticos del pasado y si la terquedad se impone a la racionalidad.

El Presidente sostiene que sin ideología no se puede hablar ni actuar en economía. ¿Qué dirección y cuan incisivo -que todavía no se conoce- se encierra en ese concepto?

La satanización del Fondo Monetario Internacional (FMI) sigue dominando. La República Popular China, que es el primer referente para negocios en el Ecuador, años atrás decidió que para fortalecer su presencia en la economía mundial debía estar en el FMI e ingresó a este. No hay que someterse a recetas dogmáticas, pero no debe despreciarse a la fuente de mayores posibles recursos a largo plazo que permita sustituir al endeudamiento actual que es a mayor costo y a plazos menores, como es parte de lo recibido de China, en que deuda se la encubre como pago por venta anticipada de petróleo, pero con intereses, lo cual lleva a que más se la deba considerar crédito colateralizado con petróleo.

Un debate sin fin podría ser aquello de ¿qué es ahorrar? Para el Gobierno ahorrar e invertir es lo mismo. Eso no es así, ahorrar es conservar disponibilidad ante el riesgo de que caigan los ingresos o que sean necesarios recursos para gastos imprevisibles.

El Estado debe comportarse como lo hacen las personas. Gastar con prioridades e invertir, y solo endeudarse en función de la capacidad de pago, por necesidad o porque la deuda es para inversión que se recupera por su producción o por el ahorro que genere. Esto no ha seguido el Gobierno. Hoy lo sufrimos porque el Estado no tiene disponibilidades, hay inversiones en lo social y en infraestructura aun sin generar retorno de recursos y por eso se requiere más endeudamiento, aun cuando ya estamos en el tope de un nivel racional.

Y todo debe ser en el marco de transparencia, sin exabruptos. La falta de la primera y la multiplicación de los segundos en nada favorece al ambiente de credibilidad y confianza que requiere el país.