Juan E. Guarderas

¡Bien Alcalde!

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¡Cuántas veces he escuchado los lastimeros deseos de que Quito se asemeje – aunque sea remotamente – a Nueva York o París! Sufrimos en nuestro subdesarrollo pensando que jamás nuestras urbes llegarán a brindarnos la riqueza de oferta cultural de las ciudades vanguardistas. Ay que dolor que no tengamos un Guggenheim, un MOMA, un Centre Pompidou…

Pero, ¿estamos conscientes que un Pompidou sin sus obras controversiales no sería el Pompidou? Un gran museo tiene piezas de arte chocantes, una gran ciudad acoge intensas discusiones en torno a exposiciones que pueden herir sensibilidades. Se trata de realidades que no se pueden desligar, lo uno viene con lo otro. No se puede pues plañirse de nuestra subcultura o de la reducida oferta artística de la ciudad al tiempo que requerir que todo guste a todos, todo el tiempo. El arte no funciona así.

En 1997 una ola masiva de indignación se levantó contra el Royal Academy of Art. Se pedía la prohibición de la controversial obra “Myra” de Marcus Harvey, un retrato gigante de una asesina en serie de niños. Las madres de las víctimas intentaron boicotear la exposición y se manifestaban fuera del museo. La propia obra fue atacada dos veces con pintura mientras estaba expuesta. Pero no se la prohibió. Muy por el contrario, se la restauró y reintrodujo con un vidrio protector.

¿Qué valentía no? Si, valiente en efecto; pero consideremos que tampoco podían obrar diferentemente. Quitar la obra implicaría ser blanco de una justa acusación de ser retrógrados. Caer en algo tan arcano como una prohibición hubiera hecho de Londres un verdadero hazmerreír.

En todo caso hay una innegable valentía en impulsar la cultura en una ciudad, especialmente por la controversia que inevitablemente se genera. No importa lo que se piense de la gestión del Alcalde, no se puede negar que ha dado un impulso fresco, joven, innovador, y sobretodo valiente al mundo cultural.

La exposición “La intimidad es política” en el Centro Cultural Metropolitano, MET, tiene el potencial de suscitar una bifurcación en nuestro camino. Por su lado controversial puede causar oposiciones que terminen en prohibiciones, devolviéndonos al oscuro mundo del subdesarrollo, de “los que no entienden el arte”, de la humillación del tercermundo intelectual. O puede, por la superación a los tabúes, marcar un quiebre hacia la modernidad; demostrar que ya somos maduros, que nuestro MET es un museo serio.

Hay que felicitar y agradecer al Alcalde Mauricio Rodas, por su empuje para hacer de Quito una ciudad artística e intelectual (salvo que termine cediendo a las presiones); y a Pilar Estrada, artífice de la exposición, por creer que otro país es posible a pesar de que los curuchupas intenten lo contrario.