Juan E. Guarderas

2017, pie izquierdo

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Mucho se ha especulado sobre el futuro desempeño de Trump. Para evitar cualquier duda, se ha empecinado en escoger lo peor para cada una de las carteras. El candidato a Secretario del Tesoro (Ministro de Finanzas), Steven Mnuchin, estuvo a cargo de un banco famoso por sus agresivas políticas para desahuciar a gente de sus hogares durante la crisis financiera del 2008 (la revista Político reportó que se desahució a una anciana de 90 años por una deuda impaga de 27 centavos).

Adicionalmente, el banco que él dirigía, Onewest, está actualmente bajo investigación por prácticas ilegales durante la crisis. El candidato a dirigir el EPA (Ministro del Ambiente), Scott Pruitt, considera que el calentamiento global no es un fenómeno real, y ha públicamente declarado que quiere desmantelar los avances logrados con Obama. Rick Perry, el futuro Secretario de Energía, señaló en el 2011 – mientras intentaba una candidatura a la presidencia – que quería desaparecer el Departamento de Energía. Estos son apenas unos ejemplos; parece chiste, pero no lo es.Pero estas son apenas malas señales. Estos monstruos todavía no toman posesión. En cambio, Trump ha conseguido – antes de asumir el poder – generar retrocesos tangibles y nefastos.

Si bien la presidencia de Obama ha sido exitosa, pero no perfecta. Y, claramente su mayor fracaso fue el no obtener una regulación financiera para impedir los riesgos sistémicos que generaron la crisis del 2008. Los bancos de Wall Street supieron atemperar las ambiciones del demócrata al contribuir millonariamente a sus dos campañas presidenciales. En todo caso, se han dado pasos importantes, es así como se había avanzado en el acuerdo de Basilea III.

Los acuerdos de Basilea establecen parámetros mundiales para verificar la solvencia y estabilidad del sistema financiero. Basilea I, de 1988, estableció un mínimo encaje bancario, es decir de reservas que los bancos deben guardar para hacer frente a los riesgos asumidos. Basilea II, del 2004, introdujo varios criterios para distinguir los diferentes tipos de riesgo (unos más fuertes, otros menos) para determinar las precauciones necesarias. Basilea III, en periodo de negociación, tiene por objeto evitar operaciones riesgosas que queden fuera de los balances contables de los bancos, particularmente los productos financieros derivados. Esta regulación es clave porque evitaría una nueva espiral destructora como la que se vivió tras la caída de Lehman Brothers.

Pues bien, con Trump se han frenado todos los intentos de alcanzar este acuerdo mundial. Muchos analistas que señalan que Basel III está muerto, y los más optimistas piensan que se deberá esperar varios años hasta poder restablecer las negociaciones. Al parecer Trump no está decepcionando a los profetas que anuncian el desastre.