Jorje H. Zalles

Izquierda, derecha y libertad

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Uno de varios esquemas que se niegan a desaparecer es el de las etiquetas “izquierda” y “derecha”, al cual aún acuden dirigentes políticos en diversas latitudes para mantener vivo el jueguito de “nosotros los buenos, ustedes los malos”.

Esas etiquetas surgieron cuando los revolucionarios franceses comenzaron a sentarse a la izquierda del Presidente de la Asamblea, y quienes apoyaban al rey y a la iglesia se agruparon a su derecha. Cuán relevantes son en el mundo actual es más que cuestionable.Es aún más cuestionable cuando pensamos que, sin importar si alguien se auto-define como “de izquierda” o “de derecha”, o si se resiste a ser tan simplistamente etiquetado, lo que realmente hace diferencia en términos de qué clase de sociedad construimos y en qué tipo de proceso político vivimos es otra línea divisoria: aquella que separa a quienes defendemos las libertades y el respeto mutuo de aquellos que pretenden recortar las libertades y desprecian el respeto mutuo, bajo las diversas excusas que mentes astutas han podido idear, incluidas, en distintos momentos, la defensa de la monarquía absoluta, de la fe, de la verdad del Profeta, del Iluminado, del Líder, del Proyecto.


Esa es la línea divisoria en la cual debemos fijarnos, la que debemos enfatizar continuamente, la que debe definir la agrupación de fuerzas sociales y políticas. Porque, sean nuestras ideas más o menos afines al capitalismo o al socialismo, a las creencias religiosas o al agnosticismo, a la libertad sexual o a visiones más ortodoxas del matrimonio, las uniones de pareja y la familia, quienes estamos del lado de las libertades y del respeto mutuo podemos sentarnos a conversar, a escucharnos y enriquecernos mutuamente, a identificar amablemente nuestras coincidencias y nuestras diferencias, y a trabajar en el establecimiento de reglas de convivencia pacífica que resulten aceptables para todos nosotros.

No necesariamente ideales, pero sí aceptables. Lo que Lawrence Susskind de MIT llama “consensos basados en aquella opción con la cual todos podemos vivir”.

Los del otro lado de la línea, los que no priorizan sobre todo la libertad y el respeto, antes de cualquier otra creencia u otro valor, se ven irremediablemente arrastrados hacia el fundamentalismo, la represión de ideas distintas de las propias, la censura, el empobrecedor menosprecio de todos aquellos que no concuerden con sus dogmas y, según el distinguido pensador peruano Salomón Lerner, “la distorsión del núcleo moral y espiritual” de los grandes sistemas religiosos e ideológicos.

Podemos volver a caer, una y otra vez, en el juego de ser diferenciados entre “de izquierda” y “de derecha”, pero deberíamos poner de manifiesto mayor claridad mental. El tema medular, hoy, es estar a favor, o en contra, de las libertades y del respeto.