Jorge Ribadeneira

‘Bombita’ y don Buca

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Hace pocos días, Vistazo y alrededores aplaudieron varios gestos del “último dictador”, el general Guillermo Rodríguez Lara, más conocido como “Bombita”. Se trata, en realidad, de un personaje interesante, que ejerció una dictablanda de cuatro años, cuando brotaba el petróleo en la zona amazónica del Ecuador y se vendía inicialmente a dos dólares por barril. Lo mejor que hizo fue evitar que el Ecuador formara parte del criminal Plan Cóndor que envileció a varias fuerzas armadas sudamericanas. Bien conservado, festejó el 4 de noviembre sus 91 años.

¿Cómo así llegó el general ‘Bombita’ al poder? Pues, porque Velasco Ibarra, de 79 años, terminaba su quinta y última presidencia con una obsesión. No entregar el poder al seguro triunfador Assad Bucaram Elmalin. Ni muerto. Lo consideraba un personaje indigno de subir a Carondelet mientras muchos ecuatorianos estaban dispuestos a dar su voto por “don Buca”, con todos sus defectos y virtudes.

El desenlace fue la cuarta caída -casi voluntaria- del “profeta” Velasco Ibarra y otra vez a los militares les correspondió escoger al dictador. El ungido fue ‘Bombita’, quien asumió con el título de Presidente y se dio el lujo de encabezar un país petrolero y realizar -con todo y ello- un solo viaje al exterior en su período. Nada menos que a Argelia para incorporar al país a la famosa OPEP.

¿Merecía don Buca la presidencia? El “turco” Assad Bucaram -nacido en Ambato en 1916, según unos, y en el Líbano según otros- no soñó en semejante ascenso durante buena parte de su vida. Inicialmente fue un vendedor ambulante de casimires, con buen verbo para convencer a los clientes. Luego fue dirigente deportivo, “dueño” de un gran equipo de básquet -el Athletic de Guayaquil- y Presidente de la Federación Deportiva Nacional. Enemigo de Pichincha inicialmente y después amigo, se presentó muy honrado para manejar el tema económico. Fue ganándose al populacho, ajustando las tuercas a los oligarcas que no pagaban los impuestos.

Culminó su vida pública apoderándose del partido mayoritario de Guayaquil, CFP (Concentración de Fuerzas Populares), descuidado por el fundador Carlos Guevara Moreno. Toda una historieta que se animó con el ascenso de Bucaram hasta convertirse en aspirante a la presidencia, sin rival a la vista, pese a la furia del doctor Velasco Ibarra, un personaje culto e irascible, quien le definía como un patán nacido en un país árabe dominado por los turcos, llamado Fortunato Kury Buraye o algo por el estilo.

Finalmente, a Don Buca se le impidió presentarse como candidato y escogió a un pariente político, el joven Jaime Roldós Aguilera, para que lo reemplazara en la postulación. El ungido resultó una estrella que, con su simpatía y oratoria progresista, dio una paliza a su rival Sixto Durán Ballén. Pero al asumir el mando tuvo que enfrentarse al tío Don Buca, culminando una historieta política movida y anecdótica, que se sellaría con un final trágico y sospechoso, lamentado por los ecuatorianos.