Jorge León

Otro Correa, otro Ecuador

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Pensé que Correa daría un salto y se convertiría en un “hombre de Estado”. ¡Que decepción! Pierde el Ecuador, también él mismo y AP.

La coyuntura ecuatoriana, cada vez más complicada y conflictiva, merecería redefiniciones de políticas, del modo mismo de hacer política y de las posiciones personales o de grupo, sobre todo de los gobernantes.

La economía estatal arrastra un problema anunciado, pues no se puede seguir con el modelo de nuevo rico de todo resolverlo con más dinero, de querer comprar todo y cambiar todo de inmediato. Ahora, el contexto mundial obliga a cambios.

Contrariamente a las versiones oficiales, el petróleo pesa más de lo que se decía. Ahora, el petróleo nos cuesta.

Los cambios y los ajustes son inevitables y es inadmisible seguir endeudándose, con préstamos más caros que lo normal. Los prestamistas se vuelven raros, y es poco ético hipotecar así el futuro del país. La reducción de gastos y ajustes son previsibles.

El Gobierno ya reduce el Presupuesto, es el mínimo, pero debería asumir claramente sus cambios.

Por eso pensé que Correa podría salir al frente y confesar el cuadro complicado y pedir a la sociedad que debe cambiar en sus expectativas, que él es el primero en hacerlo y que ello requiere de la participación y ayuda de todo el mundo. Un hombre de Estado prepara las mentes para enfrentar las dificultades con dignidad. Que eso exige inclusive un “Acuerdo Nacional”con metas precisas. Pero se lo transformaba en un “Acuerdo Social por la Democracia” pues no se trata solo de paliar la crisis, sino de responder a necesidades que se priorizan, y que se requiere el acuerdo del conjunto de la sociedad civil para reforzar metas y acciones, sobre todo con medidas que no serán del gusto de la mayoría.

Con lo “social” se ratifica los fines prioritarios del sentido de un gobierno, y precisamente para ser inclusivos de las fuerzas opositoras y de las contestatarias en la sociedad, se pone como meta la democracia, se reconoce así el pluralismo y la participación, sería un cambio gubernamental. Pues su debilidad es pensar que todo es cuestión de decidir, cuando hay decisiones ilustradas pero inútiles por no hacerlas con la sociedad y actuar con ella. Pensé que Correa ya habría descubierto lo que sociedad implica.

Ello permitirá al Gobierno salir de su mal rato actual, de cambiar sus actuaciones que polarizan inútilmente y de hacer piel nueva para el 2017. Atenuaría la contestación, mejoraría su legitimidad y agrandaría la imagen de Correa.

Pero eso implica reducir egos y no verse en redentor, esa magia seductora de ser encantadores de serpientes creando ilusiones. Duro es redefinir la imagen reflejada en el espejo que nos hacemos a medida. El problema es cuando se es gobernante y que eso afecta a la colectividad. La estrategia de ganar y ganar, en sociedad no es la mejor, pues en esta, perder para lograr algo inverosímil es la estrategia superior.

jleon@elcomercio.org