Gonzalo Maldonado

Monitoreando al petróleo

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El precio internacional del crudo está subiendo. Es un “rebote” o una “corrección”, como se le llama en la jerga especializada; es decir, una subida temporal que permitirá al precio bajar nuevamente.

Luego de perder el 60% de su valor en apenas siete meses, el Western Texas Intermediate (WTI) empezó a construir un piso alrededor de los 44 dólares, desde enero pasado, aprovechando que el mercado de futuros petroleros está claramente sobrevendido.

Como la caída del WTI fue tan violenta y precipitada se espera que el “rebote” que se está construyendo en estos días sea igualmente grande. Expertos en el mercado petrolero piensan que el barril de crudo podría llegar hasta un techo de 70 dólares, nuevamente.

¿Pero cuánto podría durar el WTI en aquellos niveles? Unos cuantos días o un par de semanas, al parecer. Una vez terminado ese incremento, el precio del crudo volvería, paulatinamente, a los niveles actuales o bajaría aún más.

El mensaje que esto tiene para la economía ecuatoriana es doble: por un lado, habrá que aprovechar el aumento temporal del precio para acumular un fondo que nos permita pagar deudas. Sería un error garrafal que el Estado volviese a gastar aquel dinero.

El segundo mensaje, todavía más importante que el anterior, es que con el final de este nuevo ‘boom’ petrolero –seguramente el último que viviremos– estamos obligados a pensar en una reforma profunda a las finanzas públicas ecuatorianas.

El problema central de nuestra economía es que tiene una estructura de gasto y endeudamiento que es inconsistente con la nueva realidad pospetrolera que vivimos. El síntoma más acuciante de esa inconsistencia fiscal está en la balanza comercial.

No sé por qué razón el Gobierno se empeña en tratar los desequilibrios del sector externo como si fueran pasajeros, aplicando medidas que tienen un efecto muy corto –y, a la postre, nocivo– como restringir las importaciones.

Las autoridades han dado marcha atrás en el tema de las salvaguardias pero bien podrían tener la necesidad de dictar nuevas medidas más restrictivas, si no se pusiera en marcha una estrategia que atraiga inversión local y extranjera.

Si tuviéramos moneda propia, la solución mágica tampoco hubiera sido devaluar, porque aquella medida origina inflación y ­merma la capacidad de compra, sobre todo de los más pobres.

El “rebote” temporal del WTI es una magnífica oportunidad para poner en marcha esa reforma de las finanzas públicas a la
que me he referido, porque inyectará a las arcas fiscales una dosis de liquidez que deberá ser bien aprovechada para beneficio de todo el país. Es, por tanto, indispensable que la sociedad ecuatoriana, en general, empiece a reflexionar y debatir sobre cómo llevar a cabo esos cambios tan necesarios.