Gonzalo Maldonado

Like a Rolling Stone

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Escuché por primera vez este tema emblemático de Bob Dylan en boca de Gerry Conlon y Paul Hill, los dos personajes principales de “En el nombre del padre”, la película premiada de Jim Sheridan. En el comedor de un bote ferry que les llevaba a Londres, ambos entonan a grito pelado esta canción que sonaba a triunfo y a lamento.

Conlon y Hill huían de lo que hubiera sido una muerte segura en manos de los terroristas del IRA o del Ejército británico que, a mediados de los años 70, ocupaba Belfast a sangre y fuego.
Ambos estaban agradecidos de haber salvado el pellejo pero también sabían que su estadía en la capital británica sería difícil.

“Like a Rolling Stone” es perfecto para vestir aquella escena del film porque es un himno triste que celebra la desgracia de la pobreza y la falta de un rumbo cierto. Dylan –que acaba de ganar el Nobel de Literatura– ha dicho que los versos de ese tema son una suerte de “vómito” que escribió para “vengarse” (nunca ha dicho de qué o de quién).

Es verdad que en esa canción se reprocha a una chica rica y frívola que no sabe qué hacer ahora que ha caído en desgracia. A ratos, la voz trémula de Dylan parece una especie de llanto que lamenta el abandono y la pobreza de la ex niña bien, a quien bautiza como “Miss Lonely”. Pero esa misma voz elegíaca otras veces parece adoptar un tono más audaz y celebratorio porque la pobreza y el abandono también suponen un estado de libertad absoluta, la posibilidad de empezar todo de nuevo.

A fuerza de escuchar este tema uno comienza a hacerse la impresión de que “Like a Rolling Stone” se ha convertido en un clásico de la música rock y pop –bandas como la mexicana Maná la han hecho parte de su repertorio– porque habla con metáforas sencillas sobre uno de los dramas más álgidos de la modernidad: la sensación de orfandad metafísica que heredamos del secularismo.

Estar en medio de una carretera, sin saber qué dirección tomar y sentirse como un objeto inanimado, como una piedra rodante a merced de la fuerza gravitacional es, tal vez, la manera más eficaz de describir el estado de ánimo de la cultura moderna.

“Like a Rolling Stone” cambió para siempre la carrera de Bob Dylan porque, a partir de este tema, dejó de ser un letrista y compositor de música “folk” para convertirse en un artista –e incluso en un poeta– que comenzaba a encontrar una voz más madura.

Dylan también ha dicho que esta canción cambió su forma de entender la música en general y su oficio en particular; y que ese descubrimiento le permitió continuar con su carrera que, a mediados de los años 60, él contemplaba dejar.

En lo personal, creo que el Nobel de Literatura pudo haberse entregado a otros escritores. Pero el hecho de que se le haya premiado a Dylan también es una oportunidad para descubrir su música y sus letras.