Gonzalo Maldonado

La economía, según Donald

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Trump quiere que las corporaciones norteamericanas e internacionales inviertan más en su país. Es decir, quiere que esas empresas liquiden sus operaciones en otras economías y, con ese dinero, compren dólares para ponerlos a producir empleo en EE.UU. Si eso ocurre, habrá más demanda de dólares y, por tanto, el precio de esa moneda subirá.

Pero Donald no quiere que el dólar se aprecie porque las importaciones se abaratarían y también ha prometido reducir el déficit comercial de su país. Es probable, por esa razón, que imponga aranceles o cupos a las compras externas para encarecerlas o limitarlas.

Si a esta medida se añaden el aumento del gasto público y la reducción de los impuestos corporativos –dos elementos centrales de la propuesta trumpiana– tendremos como resultado un aumento considerable del consumo interno y, por tanto, de la inflación.

Para evitar que los precios se disparen, el Banco Central estadounidense podría adoptar una política más restrictiva, subiendo más veces la tasa de interés en este año. (Hasta ahora se han señalado 3 subidas en el denominado “Dot Plot” que divulga el FED).

Pero una tasa de interés mayor haría que el dólar suba y, por tanto, que las importaciones sigan abaratándose, algo que Donald definitivamente no desea porque su lema es “América primero”.
¿Qué hacer?

Para dificultar aún más las importaciones, Trump endurecerá su posición frente al libre comercio. Ya desvinculó a su país de la Alianza del Pacífico y ha anunciado que renegociará el TLC con Canadá y México. Por eso, también, ha elogiado al “Brexit” y criticado a la Unión Europea.

Donald también podría acusar a China, Japón y a Europa de manipular su tipo de cambio para mantenerlo artificialmente bajo y obtener, de esa manera, beneficios injustos del mercado estadounidense.

Como es lógico, las medidas retaliatorias podrían venir y, con ellas, una caída de las exportaciones norteamericanas. Al cabo de un par de años, una política como esta podría arrojar más déficit comercial, más déficit fiscal, inflación y un dólar igualmente fuerte. Todo lo que Donald no quería…

La visión económica de Trump se parece mucho a la “Macroeconomía del populismo” descrita por Dornbush (con Liliana Cardoso, primero y Sebastián Edwards, después): cerrar la economía, multiplicar la demanda a través del gasto y los salarios, crecer a tasas excepcionales durante los primeros años para luego caer en el estancamiento y la inflación.

Eso pasó en Chile con Allende y en Perú con García, en su primer período. Acá en Ecuador nos ha sucedido lo mismo durante esta década pérdida, con la salvedad de que los precios se volvieron flexibles gracias a la dolarización, permitiendo que la inflación baje en esta época recesiva.