Francisco Carrión Mena

Venezuela y la Unasur

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Ante la inminente celebración de las elecciones legislativas en Venezuela a inicios de diciembre, que por la coyuntura que atraviesa ese país serán determinantes, Unasur tiene un enorme desafío por delante: incidir de manera directa y positiva sobre la situación imperante en ese país.

Todos sabemos las graves circunstancias por las que atraviesa Venezuela y todos queremos que retorne la paz social, se respeten los derechos humanos, se viva en democracia y se reactive la economía.

¿Y por qué Unasur tiene esa gran responsabilidad? El gobierno del presidente Maduro ha dicho que no aceptará la intervención de la OEA, de la ONU o de otros mediadores internacionales. Que solo aceptará la participación de Unasur.

Si hay un ámbito en el cual la organización regional sudamericana ha tenido éxito hasta ahora ha sido precisamente en la solución de graves problemas internos y bilaterales en que han estado envueltos países de la región.

Vale recordar que antes inclusive de la aprobación de su estatuto, esto es antes inclusive de que la Unasur existiera jurídicamente, ya la presidenta pro témpore de la época, Michelle Bachelet, intervino para superar el problema de la inminente secesión en Bolivia (octubre 2008).

El fallecido expresidente Néstor Kirchner, a la sazón secretario general de Unasur, promovió el entendimiento entre Colombia y Venezuela (julio agosto 2010) que había llegado al borde de una confrontación bélica. Lo mismo hizo Kirchner cuando las tensiones se acrecentaron de manera preocupante entre Colombia y Ecuador.

Ahora que Venezuela se encuentra en una grave situación no solamente económica sino política de cara a las elecciones legislativas, Unasur y en particular su secretario, el expresidente de Colombia Ernesto Samper, tienen un enorme desafío para fortalecer la democracia en ese país, promover los derechos humanos, alcanzar la paz social y, con todo ello, establecer las condiciones para una recuperación de su economía. No hay otra organización con capacidad de hacerlo.

De su éxito depende en buena medida, y sin que sea una exageración, la consolidación de la Unasur como alternativa regional para resolver los problemas internos de los países de la región. Depende también su credibilidad y su proyección al futuro en la amplia gama de temas que con entusiasmo se ha propuesto.

Y en ello, a más de la Unasur, Ecuador tiene también un rol relevante que jugar; no solamente por la vecindad histórica, geográfica y la afinidad política de los gobiernos de Quito y Caracas, sino porque la sede de Unasur está en Quito y porque de alguna manera nuestro país ha coliderado este proceso y nada le haría más daño que el fracaso de la institución por la cual ha apostado tanto en recursos y en gestiones diplomáticas respecto de un tema tan sensible y emblemático para nuestra región, como es la situación de Venezuela.

fcarrion@elcomercio.org