Fernando Sacoto

Salud: ¿Gasto o Inversión?

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Los recursos económicos destinados a la atención de salud en un país se denominan “Gasto Nacional en Salud”, como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB). Indicadores útiles son también el gasto per cápita y el gasto público en salud.

A priori se podría pensar que cuanto mayor el gasto, mejor es la salud. Sin embargo la evidencia muestra que tal premisa no es tan cierta. Según fuentes internacionales actualizadas a 2014 Estados Unidos registra el gasto más alto en salud en las Américas: 17.2% del PIB y USD 9.403 per cápita, mientras Canadá presenta cifras menores: 10.3% y USD 5.292, respectivamente. Los resultados, sin embargo, no corresponden a la magnitud del gasto; Canadá exhibe mejores indicadores de salud, entre otros: esperanza de vida 82.5 años; embarazo en adolescentes 9.8; mortalidad materna 6.1 frente a 79.5; 20.6 y 12.7 de Estados Unidos. Análisis similares pueden hacerse de países como Costa Rica, Chile y Uruguay con gastos per cápita entre USD 1.000 y 1.400 con favorables indicadores de salud.

¿Qué tienen en común países que logran mejores retornos por recursos destinados a la atención de salud? Mayor proporción de gasto público (sobre el 70%) y menor gasto “de bolsillo”; sistemas de salud cohesionados; gestión de salud competente; políticas y planes de salud establecidos; redes de servicios basadas en Atención Primaria de Salud; énfasis en promoción y prevención, pero además adecuado financiamiento para alimentación, saneamiento y otros determinantes de la salud.

¿Qué ha pasado en Ecuador en la década “ganada”? El gasto en salud creció significativamente llegando a 9.2% del PIB y un per cápita de USD 579. No obstante el gasto público se situó en 48.9%; el gasto de bolsillo duplicó el promedio de la región; persiste un sistema bicéfalo; se privilegió la infraestructura hospitalaria; se sobre contrataron servicios privados sin suficiente sustento ni regulación; se destruyó la Atención Primaria de Salud; se olvidó la promoción y la prevención.

Los resultados de salud pública no pueden ser peores: vacunación infantil en niveles vergonzantes, solo superados por Haití; embarazo en adolescentes (74.6) entre los más altos de América; mortalidad materna estimada (64.0) y desnutrición crónica infantil (25.2%), sobre el promedio regional. Claro que deslumbrantes edificios y equipos - especialmente en lugares con visibilidad política – aumentaron; igual el personal de salud; cierto que subieron a 72 millones las consultas médicas anuales (82% curativas y 18% preventivas); saldo rojo.

El notable incremento de recursos debió contar con probados liderazgos y competente gestión para construir políticas de salud de Estado. Pasar de gasto a inversión en salud: asignatura pendiente y urgente.