Farith Simon

El legado

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La década de Correa en el ejercicio directo del poder llegará a su fin en este 2017. Estas elecciones son históricas, termina el mandato presidencial más largo ocupado de forma continua por la misma persona. Nadie ha tenido tanto tiempo, recursos y poder a su disposición. Electo en las urnas ha excluido a las minorías en la toma de decisiones, sin posibilidad de que sus puntos de vista, críticas y perspectivas sean tomadas en cuenta o reflejadas en las decisiones políticas.

Con una mayoría absoluta y amplio margen de acción en la Asamblea Nacional, se anuló cualquier posibilidad de un debate, plural, sustantivo; sin fiscalización política, con una Corte Constitucional obsecuente, dispuesta a darles la razón en los grandes temas; con jueces ordinarios atemorizados por un control administrativo que puede revisar sus actuaciones jurisdiccionales; con una fiscalización administrativa, que realiza su trabajo en clave política; con una Función de Transparencia y Control Social organizada según las necesidades del partido, con un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, innovación constitucional inútil, que ha servido para asegurar que en los procesos de selección favorezcan siempre a los cercanos, o a los que forman parte del proyecto político oficialista.
Claramente tenemos un déficit democrático, no se trata del número de elecciones ganadas, se trata de legitimidad, cuestión que se ha perdido con cada abuso e imposición y, últimamente, con las denuncias de corrupción.

Sin importar el resultado de las próximas elecciones la omnipresencia de Correa en nuestras vidas desaparecerá el 24 de mayo, el día en que se posesione el nuevo mandatario, incluso triunfando el binomio del oficialismo, que no ha perdido la oportunidad de asegurar continuidad programática e ideológica, si así se puede llamar a esta mezcla de populismo estatalista-paternalista, autoposicionado en la izquierda. La nueva situación marcará otra forma de vivir la política.

Sin duda Correa mantendrá una influencia significativa, incluso perdiendo Alianza País las elecciones presidenciales contará con un bloque legislativo importante, con una institucionalidad concebida a medida, con funcionarios y empleados públicos militantes o simpatizantes del correismo, que al defender su legado se defenderá a sí mismos, su posición, trabajo e influencia.

Los candidatos de oposición, que tienen alguna posibilidad de pasar a la segunda vuelta, han ofrecido modificaciones sustanciales a lo hecho en este período, entre sus prioridades, además de una profunda reorganización institucional que reconstruya la independencia y balances entre las funciones, debería estar el desmontar una lógica de ejercicio del poder que ha entronizado la prepotencia, la descalificación y la negación del otro como base del manejo de las disputas políticas. El legado más poderoso de estos años es esta concepción poco democrática del poder, seguramente esto es lo más difícil de cambiar, más allá del resultado en estas elecciones.