Enrique Echeverría

Delincuencia atroz

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Con verdadera angustia estamos en conocimiento de una etapa de alta violencia criminal, que se traduce en delitos ciertamente espantosos, cuyas víctimas son inclusive niñas de corta edad a manos de sujetos sin escrúpulos que, luego de violarlas, las asesinan.

En esa lista terrible de hechos criminales hay uno muy reciente que acaeció en Guayaquil. Un joven de apellidos Revelo Álvarez, de 38 años, había sido víctima de secuestro luego de salir de clases del colegio Simón Bolívar. El joven Revelo fue interceptado por tres hombres cuando se dirigía a tomar un bus y lo embarcaron a la fuerza en un vehículo. Sus asesinos le habían obligado a sacar dinero de un cajero automático; ya con el dinero en sus bolsillos ataron al joven de pies y manos, le rociaron gasolina y le prendieron fuego.

Los daños causados por el fuego fueron profundos y, luego de muy penosa agonía, falleció en un hospital.

Hay una descripción, en la Psicología Jurídica, sobre la personalidad perversa o amoral. “Desde niños ofrecen rasgos de crueldad. Su reacción es brutal y ante el principio ético son fríos, indiferentes. Hay una inversión de la conciencia moral, de modo que provocan y gozan con el dolor ajeno; carecen de super yo, por lo cual pueden realizar cualquier delito, sin el menor escrúpulo y temor a las consecuencias”. Esta es enseñanza de nuestro querido y recordado maestro Dr. Jorge Escudero Moscoso, notable profesor de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central.

¿Los asesinos del joven Revelo encuadran en este tipo de criminal perverso o amoral?

Con menor intensidad, también en Guayaquil, a un joven de 23 años le robaron el vehículo tras un secuestro extorsivo. Lo tuvieron retenido unas cinco horas. Relata que los sujetos se le acercaron al detener la marcha del automóvil en un semáforo. Con armas de fuego le obligaron a abrir la puerta y lo acostaron en el asiento posterior. Le ataron las manos con cinta y le taparon la boca. Por lo menos salvó su vida, pero es fácil entender el miedo, la angustia y el terror que habrá sufrido.
Y en un solo día, el diario El Universo publica estos titulares: “Dos mujeres fueron violadas cuando buscaban un trabajo”; “Drogaba a los turistas para robarles, en Baños”.

¿Cuánto incide en este proceso degenerativo el uso de drogas psicotrópicas? Estamos observando cómo han llegado a la infamia de suministrar droga barata a estudiantes de colegio. En semejante estado, la droga operando en su ser, es explicable que cometan actos de barbarie.

Nuestra Policía trabaja incesantemente, pero el mal no solo se detiene sino que aumenta cada vez con rasgos más trágicos.
Los legisladores están ensayando un cambio en las tablas de sanciones para delincuentes distribuidores de drogas en dosis pequeñas. Ojalá tengan éxito en este propósito para bien de la juventud.

eecheverria@elcomercio.org