Enrique Echeverría

¿Adónde vamos?

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Produce miedo la frase “Aunque roben, pero que hagan obra”. Se la escucha en numerosas personas, al comentar la serie de atracos consumados y rememorar los de ayer sin castigo legal efectivo debido a una también creciente impunidad.

Si alguno es sentenciado, cumple la pena y retorna a la vida de siempre, pero disfrutando de los bienes mal habidos o de las gruesas cantidades de dinero que situaron, oportunamente, en países extranjeros.

El temor se torna más profundo si, poco a poco, tanto el delincuente común, cuanto el de cuello blanco empiezan a convertirse en sujetos de admiración; y, lo peor, de mal ejemplo. Alguna gente les atribuye dotes especiales, como inteligencia superior, mayor habilidad, iniciativa, aunque reconocen una dosis de desvergüenza.
Todo ello resume en una sola palabra de admiración: “pilas”; cuyo uso se extiende de manera notoria. Es que se trata de una persona “pilas” que comete desafueros y no le sucede nada. Esta persona es capaz de obtener más y más dinero con negocios sucios, violando la moral, la ley y hasta normas de honor y de decencia. La vieja regla de nuestros abuelos y padres: “dejar como herencia un nombre limpio”, pierde vigencia; peor aun aquel principio “mi palabra vale más que escritura pública”.

Desde cuando ingresamos al consumismo, para algunos lo importante es enriquecerse. Aplausos y elogios para quienes hacen fortuna a fuerza de trabajo, tenacidad, sin perjudicar a nadie. Que no se repita la escena del honrado empleado quien, en el grupo de amigos, se quejaba por extrema pobreza. Uno del grupo le recrimino: mejor calla ¿no trabajaste largo tiempo en la aduana?
Es hora para detener esta peligrosa tendencia que puede causar, si aumenta, gravísimos efectos en la moral pública y privada.

No olvidemos que hay una juventud con dificultades para ingresar a los estudios universitarios, por reglas recientes que no permiten que cada quien vaya a la universidad de su preferencia y estudie la carrera que le agrada. En el extremo, más de 300 mil jóvenes bachilleres buscan cupo.

Por otro lado, no hay inversiones para formar nuevas empresas o para ampliar la operación de las actuales, fuentes de empleos.

En semejante situación, si algún joven desocupado por largo tiempo ingresa en desesperación, no sería extraño que busque ubicación en el negocio de las drogas; y que razone torcidamente de este modo: debo buscar una ubicación en la carrera política; sea que consiga alta posición, mediana y hasta inferior; además de asegurar ingreso fijo, puedo seguir el mal ejemplo de quienes perjudican por millones en su beneficio y hasta una propina mínima de 20 dólares por evadir el control de tránsito.

Que los políticos piensen en estas realidades y actúen con patriotismo y desinterés.