Enrique Ayala Mora

Un General coqueto

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Emilio María Terán fue un buen exponente de su generación. Había nacido en Latacunga en 1863. Se graduó de abogado y doctor en Leyes en 1887. Escribía para la prensa. Se declaraba liberal con buenas relaciones con los “progresistas”. Fue secretario privado del presidente Luis Cordero y concejal de Quito. En 1895 participó en pronunciamientos por la “venta de la bandera” en el centro del país. Luego se sumó al ejército de Alfaro, que ganó la guerra civil de 1895.

Apenas llegado al poder, Alfaro encargó al coronel Emilio María Terán un informe sobre la deuda externa, que se convirtió en el documento más importante sobre el tema y le dio gran prestigio. Terán fue electo diputado a la Constituyente de 1896. Luego tuvo las comandancias de Tulcán e Ibarra. Fue miembro de la “Liga de librepensadores”.

En 1903 el Congreso lo eligió Rector de la Universidad Central. Los profesores y alumnos hicieron huelga frente a lo que vieron como un acto de intervención militarista. La universidad fue clausurada por algún tiempo. Terán recibió la comandancia militar de Riobamba.

En 1905 se hizo un esfuerzo por unificar a los liberales para las elecciones. Pero no funcionó y el general Plaza impuso como sucesor a Lizardo García, representante de la banca de Guayaquil. Alfaro movilizó a la vieja guardia liberal y se lanzó a la subversión. El último día de 1905, de acuerdo con don Eloy, Emilio María Terán se alzó en armas en Riobamba. Mandó un telegrama al presidente García, que creyó que se trataba de una “inocentada”. Al día siguiente, en medio del chuchaqui, se enteró que ya era expresidente.

Terán tuvo gran protagonismo, pero se volvió más polémico. Manuel J. Calle lo veía así: “Ni político, ni militar, ni escritor. Ni orador. ¿Qué queda al hombre? –Un intrigante de talento. Porque sería necedad negarle talento y habilidad abogadil. Y esta medianía de poca vergüenza y ninguna dignidad es el primer hombre después de Alfaro en la Transformación”.

Alfaro que prefirió mantenerlo lejos. En 1906 lo designó Ministro en Londres, donde hizo una corta misión con gran dispendio y ostentación. En 1907, de vuelta al Ecuador, Terán ya formaba parte de la conspiración contra Alfaro y fue enviado a prisión por un tiempo. El Congreso de 1908 lo ascendió a general. Cuando terminaba el período presidencial de Alfaro, Terán estaba ocupado en actividades político-castrenses. Se daba tiempo para el coqueteo y los amores prohibidos.

Terán tenía gran don de gentes. Fue “un gran conquistador de mujeres, generando todo género de argucias y hasta sus conocimientos musicales para practicar la seducción”, dice Pérez Pimentel, “le gustaban los bailes de medio pelo con mujeres del pueblo llano y las francachelas con damiselas que se prestaban para todo género de excesos”. Eso lo llevaría a la tumba.