Enfoque internacional

Tensión racial en EE.UU.

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A lo largo de las últimas décadas, los conflictos raciales han disminuido sensiblemente en los Estados Unidos. La presencia de un primer presidente de raza negra en la Casa Blanca es un claro testimonio de ello, y también lo es la creciente participación de hombres y mujeres de raza negra en la pujante clase media de ese país. Tampoco puede dudarse de la integración que se verifica en los ámbitos políticos, empresariales y académicos.

No obstante, hay todavía mucho camino por andar en un capítulo particular: el que se refiere a la actividad del Poder Judicial y a la actuación de las policías del país, tanto en el nivel federal como estadual, cuando deben ocuparse de personas de raza negra.

Existe ciertamente la sensación extendida de que, pese a los avances alcanzados en esta materia en muchos otros rincones de la sociedad, por desgracia todavía se mantiene un importante grado de discriminación contra la población de raza negra tanto en los procedimientos policiales como en los judiciales. Esta arbitraria diferencia alimenta una generalizada actitud de desconfianza que debería corregirse sin demoras.

Esto ha quedado muy en evidencia en las recientes protestas que estallaron en diversas ciudades norteamericanas luego de la decisión de un gran jurado en la ciudad de Ferguson, en Missouri, de no acusar a Darren Wilson, un integrante de la Policía local que provocó la muerte de un joven de raza negra.

Las protestas se extendieron a la manera de aquellas que en 1967 se transformaron en graves disturbios y desmanes desde Newark, en Nueva Jersey.

La historia demuestra que la discriminación se retroalimenta y genera violencia. Acabamos de verlo el lunes en Nueva York, cuando Ismaaiyl Brinsley, de 28 años, presunto miembro de la banda Black Guerilla Family, con antecedentes policiales, disparó y asesinó a dos oficiales de policía que se encontraban a bordo de un patrullero.

EE.UU. debería revisar los procedimientos y mecanismos que emplean sus policías, de modo de evitar que, casi automáticamente, los ciudadanos de raza negra, por el solo color de su piel, resulten los primeros y a veces únicos sospechosos de haber participado en algún crimen.

Los especialistas norteamericanos también deberían analizar las razones por las cuales en sus sistemas carcelarios hay alojado un porcentaje muy superior de personas de raza negra, en comparación con los de raza blanca. En algunos temas, las diferencias y brechas raciales no se han superado en los Estados Unidos, pese al enorme avance que, en general, se registra en muchos otros aspectos de su vida social.

Quizá lo que sucede es que las cuestiones raciales, por sus largas raíces que se remontan a un pasado remoto que se resiste a desaparecer, deben ser objeto de una atención y vigilancia permanente, de modo de fomentar constantemente la integración de su sociedad y procurar individualizar y desterrar aquellas conductas que, por la razón que fuere, alimentan los resentimientos de corte racial.