Diego Cevallos Rojas

Los pacientes no importan

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El trato al paciente en gran parte de los hospitales públicos de Ecuador es arcaico y atenta contra sus derechos. Esta realidad, que por cotidiana parece normal, es una muestra del retraso del país y de su sistema de salud, atrapado en la idea de que los profesionales atienden enfermedades y no personas.

Despertar al paciente en la madrugada, mantenerlo horas sobre camillas tiritando de frío, ignorar sus preguntas, tratarlo como analfabeto, limitar el tiempo de visita, conducirlo en bata por pasillos atestados de personas, darle alimentos desagradables y tratar a sus familiares como estorbo, son realidades que muchos de los lectores las habrán visto o sufrido.El vínculo entre atención clínica y servicio humanizado, que según lo indica la evidencia, mejora los niveles de seguridad, genera ahorros al erario y permite al usuario una recuperación óptima y menos recaídas, está ausente en muchos centros hospitalarios privados y públicos.

Lo que es realidad en servicios de salud de otras latitudes, en Ecuador parece un ideal inalcanzable. El usuario está acostumbrado a callar y soportar. Se ha olvidado de que la razón de ser de un hospital es atender a una persona integral, no un pulmón enfermo, un hígado o un tumor, no una infección o una herida.

En los servicios de salud se requieren procesos educativos y espacios de participación activa para pacientes y familiares, oferta de entretenimiento, comida placentera, atención al diseño hospitalario y entrenamiento del personal, incluidos médicos y directivos, para que se comuniquen y traten adecuadamente a los usuarios.

Además, hay que poner fin a la perniciosa y hasta peligrosa práctica de compartimentar la atención de los especialistas (neurólogo, urólogo, cardiólogo o psiquiatra, cada uno por su lado).

Por un tema familiar tuve la oportunidad de acercarme a parte de la realidad hospitalaria púbica y conocí hechos lamentables. No todo es así, ciertamente, pero eso no es consuelo.

Se requiere procesos de cambio organizacional en el sistema y que el personal aprenda y se entrene en atención centrada en el paciente. Hay evidencia sobrada que indica que un paciente sana mejor, tiene menos recaídas e incluso sale fortalecido de una enfermedad, si recibe, junto a sus acompañantes, un trato adecuado y se le alienta a participar y a empoderarse.

La atención clínica es esencial, pero también lo es poner a los pacientes en el centro, considerar a los familiares aliados, permitir visitas 24/7, ofrecer entretenimiento, etc.

Si todavía usted no ha ingresado a un hospital por enfermedad, casi le aseguro que lo será en el futuro. Por todos, el trato deshumanizado debe terminar ya.