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En su década de gestión, el correísmo fue prolífico en adjudicarse calificativos: progresista, de izquierda, humanista, revolucionario y hasta gestor del gobierno más técnico de la historia. Millones asumieron como ciertas tales adjetivaciones, pero hechos y datos indican que la realidad fue otra.

El correísmo ha estado en la práctica más cerca de la derecha, el conservadurismo y el autoritarismo. No se trata de una denostación, sino de ubicar mejor en el espectro ideológico cuál fue la corriente real que gobernó al país.
Algunas imposturas: Adjudicarse el término Revolución Ciudadana. Las organizaciones ciudadanas fueron perseguidas y amenazadas sin descanso ni recato, siendo la última, Acción Ecológica.

Además, todo lo que resultó auténticamente ciudadano fue visto con recelo y el llamado Consejo de Participación Ciudadana fue inoperante.

Declararse ecologistas. Abrieron la explotación extractiva en zonas protegidas o habitadas por comunidades desde hace siglos y arremetieron con furia y fuerza contra indígenas, pobladores y organizaciones que enfrentaron, documentaron y cuestionaron tal política.

Declararse proindígenas. Dividieron a comunidades y organizaciones, encarcelaron a disidentes, expulsaron irregularmente a una académica extranjera por compartir vida con un indígena y protestar con argumentos.

Destruyeron la unión familiar con la construcción de escuelas occidentalizadas y lejos de las comunidades.

Declararse progresistas. Bloquearon con saña intentos para legislar sobre el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, presentaron argumentos discursivos cargados de machismo y asumieron políticas conservadoras en materia de sexualidad adolescente.

Declararse impolutos en temas de corrupción. Las evidencias de malos manejos, mentiras, opacidad, relaciones dudosas y la persecución y el encarcelamiento de ex funcionarios claramente corruptos, surgieron como hongos en campo abierto.

Declararse amigos de la libertad de expresión. Persiguieron como nunca antes a los medios de comunicación independientes y se armaron de un amplio y activo aparato de censura. El adversario político siempre fue considerado un enemigo.

Declararse el gobierno más técnico de la historia. Al finalizar la década, es contundente la evidencia del alto desempleo y endeudamiento, contracción económica, Estado obeso, denostación del sector privado y un futuro harto complicado.

Declararse el gobierno más democrático. La nula división de poderes y el hiperpresidensialismo dominaron la escena. Se acotó la transparencia, la rendición de cuentas y la alternancia.