Diego Araujo Sánchez

El regreso de Correa

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Rafael Correa arribó a Guayaquil como Vicente, en un jet privado en el que hizo el trayecto desde Bogotá, y salió por una puerta alterna del aeropuerto. “Tenemos amigos que nos pueden ayudar económicamente”, confesó para explicar su exclusivo viaje. ¡Quién lo duda! Bolsillos bien fondeados no faltarán entre los neopelucones de la “década ganada”.

Los anteriores son pintorescos rasgos del regreso. Lo de fondo es que el exmandatario haya llegado en circunstancias distintas de las que se percibían en el país cuando, seis meses atrás, dejó el poder. Nunca pudo imaginar entonces que se le iban a desarmar tan pronto las previsiones para proteger a la plana mayor de sus colaboradores y la continuidad de su proyecto político. ¿Qué otro motivo tuvo, si no la embriaguez del poder, para que la Asamblea aprobara el esperpento de la reelección indefinida que abría las puertas en 2 021 a su retorno a Carondelet y daba el puntillazo final a una democracia en agonía?

El exmandatario regresa cuando el presidente Moreno anunció el final del Estado de propaganda: sin las luces del mercadeo político, ni la caja de resonancia de los medios públicos al servicio del régimen, la realidad del país muestra su rostro demacrado: despilfarro, endeudamiento excesivo, contratos con sobreprecios, obras públicas mal hechas y economía en graves aprietos; caudillismo autoritario y falta de independencia de las funciones del Estado; raquítica y burocratizada participación ciudadana; polarización social y ataques a múltiples grupos de la sociedad civil…

El presidente Moreno intenta cortar el modelo político antidemocrático con la consulta popular para poner fin a la eternización en el poder y corregir el engaño de participación ciudadana con una entidad por medio de la cual se subordinan a los intereses del gobierno las elecciones de los titulares en los organismos de control.

Un mérito de Moreno es haber colaborado con su voluntad política para evidenciar la corrupción en el correísmo. Correa dejó a Jorge Glas en la Vicepresidencia y ahora este se halla procesado por el delito de asociación ilícita y acusado de integrar la red delictiva que Odebrecht armó para adjudicarse contratos de millonarias obras públicas. Correa dejó a Carlos Pólit como contralor del Estado. El Consejo de Participación lo había reelegido con altas calificaciones después de 10 años en el cargo para un periodo más de cinco. Pocas semanas después, salió del país como prófugo de la justicia.

¿A qué llegó el expresidente? A recuperar la dividida Alianza País y a expulsar a Moreno y los “traidores” del movimiento, ha dicho. Pero, ¿no será este corto regreso una anticipada forma de recoger los pasos si se produce su entierro político al eliminarse la reelección indefinida por la consulta popular?