Alfredo Negrete

¿Moreno y Nebot, hasta cuándo?

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Una de las ventajas semánticas de las ciencias sociales y de la política es que las frases, conceptos, dudas y sospechas –por repetidas que sean– no se gastan ni aburren. Siempre son útiles.

Es posible afirmar que la política es el arte de lo posible y que toda alianza, pacto, acuerdo a más de las buenas maneras, es de intereses y estos por naturaleza son circunstanciales. La ruta puede ser válida para evaluar la relación entre el presidente de la República y el alcalde de Guayaquil. Una inquietud que responde a la necesidad de comprender, en vivo y en directo, eso que se les ocurrió a los alemanes cuando desempolvaron a Maquiavelo y Bismark y nos enseñó la “Realpolitick”.

En esta misma línea hay consenso entre los expertos de la Ciencia Política que la duración de los pactos o acuerdos es relativa; no así las concertaciones que tienen otra estructura y es muy difícil que se concreten en sociedades sin partidos políticos y frágil institucionalidad. Los pactos y hasta la buena educación política pueden ser coyunturales o de mediano plazo; nunca eternos. La inquietud se presenta si estas relaciones entre los dos grandes personajes de las fiestas julianas trascenderán, en tiempos difíciles de reajustes económicos y fiscales. Lo importante es que se percibe afinidad personal y no hay contraposición de proyectos o modelos políticos. Para el efecto, no confundir enunciados o proclamas repetidas sino la consistencia programática o sus desajustes que se hayan enraizado en la realidad nacional. El Presidente requiere estabilidad y los social cristianos tienen la segunda fuerza en el parlamento y una indiscutible hegemonía regional, más a título personal del alcalde, que de su oxidado partido. Por eso, es necesario contar con él y, además, a nivel nacional el régimen requiere un buen seguro de estabilidad.

El presidente Moreno tiene una aceptación inicial que habrá que medirla luego de las decisiones económicas y el control que logre imponer en el ala histérica de Alianza País. Si lo logra, podrá pagar la factura de impredecibles magnitudes de la “mesa servida”.

El tema de la amistad y fraternidad que se produjo con motivo de la fiesta juliana de Guayaquil, también es un tema de seguros o resguardos mutuos. Jaime Nebot y gran parte de los guayaquileños aspira a celebrar al unísono, el bicentenario de la independencia del 9 de Octubre. Lo merece la ciudad y el país.

Por su parte, el Presidente debe estar consciente de que además de la alianza político-regional, requiere de un mínimo de estabilidad política que podría ser desde lejos asegurar la estabilizad de una Vicepresidencia inerte, pero no sustituida. En las condiciones actuales no sería conveniente un reemplazo del segundo mandatario y abrir una caja de Pandora que, en esta oportunidad, a diferencia del caso de la mitológica, para el Ecuador no existiría la esperanza.