Alfredo Negrete

La Iglesia venezolana

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Después del fracaso del diálogo y la intervención indirecta del Vaticano, la Iglesia Católica venezolana alzó su voz de protesta contra la dictadura de Nicolás Maduro. El cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas, exhortó a los sacerdotes a leer en todas las misas una homilía en la que animaba a los venezolanos a “no dejarse intimidar” y a “erradicar la dictadura” por la vía “pacífica y democrática”.

Afirmó Urosa Savino que nunca antes tantos venezolanos han tenido que buscar comida en la basura.

Así se adhirió de manera explícita a la resistencia de la mayoría del pueblo. Si se taponan todas las vertientes, la indignación estalla contra cualquier represa.

La Iglesia Católica en América Latina ha estado presente en diferentes ubicaciones en el contexto socio político real.

En la Conquista y la Colonia llegaron con la Cruz junto a la espada, pero fueron los primeros con Fray Bartolomé de las Casas en levantar su voz de protesta con la represión y explotación de los indígenas. Fueron sustento del imperio desde la jerarquía y los púlpitos; pero, asimismo estuvieron entre los promotores de los primeros gritos de independencia como los atestiguan los complotados en el Valle de Los Chillos en diciembre de 1808 en una propiedad de la comunidad jesuita, también en Chuquisaca en Bolivia o Hidalgo con el “Grito de Dolores” por la independencia de México.

La Iglesia ingresó en escena sociopolítica con los conflictos que se generaron por la separación con el Estado, gracias a los impulsos de los movimientos liberales. Paradójicamente esta separación abrió las puertas para su presencia en los escenarios sociales y políticos del continente
En los tiempos modernos el impulso de la Doctrina Social de la Iglesia y los efectos del Concilio Vaticano II tuvieron gran fecundación en diversas geografías. Así se registra a los mártires en Centroamérica desde el asesinato de Monseñor Romero como el de los jesuitas liderados por Ignacio Ellacuría y sus compañeros en El Salvador.

En el sur continental, la Iglesia chilena fue un refugio en la época del terror y los primeros en demandar por los desaparecidos. En este territorio el triunfo del No contra la dictadura hubiese sido muy difícil sin el mensajea de aliento del Papa Juna Pablo II.

Hoy la Iglesia Católica venezolana cuando todo fracasa dice presente.

Los hechos no pueden ser más extremos: triunfo inútil de una mayoría parlamentaria absoluta, demandas internacionales, presos políticos acusados por una infame justifica gubernamental, pueblo desabastecido en las calles, fracaso del diálogo.

En esta materia la Iglesia Católica venezolana tiene hitos históricos. El 29 de abril de 1957, la carta pastoral del arzobispo Rafael Ario Blanco puede ser considerada el principio del fin de la dictadura de Pérez Jiménez.

En el Ecuador la iglesia ha optado por una cautela extrema. A lo mejor saben que está cerca un apocalipsis y no quierealarmar a los creyentes.