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El peligro de líderes populistas

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Los dirigentes políticos populistas plantean una peligrosa amenaza para los derechos humanos, y avivan y justifican la intolerancia y el abuso en todo el mundo, alerta el informe anual de la organización Human Rights Watch (HRW).

Entre los muchos desafíos a los que debe hacer frente el mundo, la organización con sede en Nueva York destacó el surgimiento de líderes populistas que emplean una retórica que socava el sistema de derechos humanos, en su informe de 2017 “El populismo amenaza a los derechos humanos”.

“El crecimiento del populismo supone una gran amenaza para los derechos humanos”, subrayó el director ejecutivo de HRW, Kenneth Roth.

Los gobernantes populistas, quienes dicen hablar “por la gente”, consideran que los derechos son “impedimentos”, lo que lleva a que las minorías se conviertan en un chivo expiatorio, y esta sea su forma de atender el descontento público y de resolver problemas domésticos acuciantes.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald “Trump y varios dirigentes políticos de Europa buscan llegar al poder apelando al racismo, la xenofobia, la misoginia y el nativismo.

Además, sostienen que el público acepta violaciones de derechos humanos como una supuesta opción necesaria para garantizar el empleo y evitar cambios culturales o atentados terroristas, continuó Roth. La campaña electoral de Trump mostró esa intolerancia, al atender las frustraciones económicas de los estadounidenses y su temor al terrorismo proponiendo políticas como la deportación de millones de inmigrantes indocumentados, la creación de un registro de musulmanes y el uso de la tortura. De aprobarse ese tipo de medidas, su gobierno no solo corre el riesgo de violar los derechos humanos, sino de atentar contra todo el sistema que los protege, alerta HRW.

Algunos gobernantes europeos muestran un populismo similar al ganar apoyo popular culpando a la inmigración de los problemas económicos, apunta. El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), observó que la campaña de Gran Bretaña para salirse de la Unión Europea, el llamado brexit, empleó “una retórica divisiva, antimigrantes y xenófoba”, y pidió a las autoridades que condenaran ese tipo de discurso.

En Gran Bretaña, hubo algunas mejoras en la reubicación de solicitantes de asilo, pero la primera ministra, Theresa May, mantiene una retórica contra los derechos humanos.

May incluso denunció a “abogados de derechos humanos activistas de izquierda” de demandar a las fuerzas armadas británicas por violaciones en Iraq y Afganistán, y declaró su deseo de exonerar a los efectivos militares que atentan contra ellos en el extranjero.